Aunque el documento de la Contraloría General de la República (CGR), cuyo titular es Camilo Benítez, se presenta muy complaciente al analizar el patrimonio de Santiago Peña, el tiro le salió por la culata porque ese mismo informe desnuda movimientos financieros alarmantes. La pieza central del escándalo apunta a los préstamos millonarios otorgados por Ueno Bank, entidad ligada al Grupo Vázquez (presidido por Federico Miguel Vázquez) y con el cual el propio Jefe de Estado compartió hasta abril de 2025 acciones en Ueno Holding Saeca.
Los registros oficiales revelan que el 13 de mayo de 2024, el banco de sus entonces socios le prestó a Peña más de G. 3.548 millones mediante dos créditos simultáneos. El primero fue un auxilio en moneda extranjera por US$ 300.000 (unos G. 2.248 millones al tipo de cambio de la época de G. 7.494). El segundo, una inyección directa en moneda nacional de G. 1.300 millones.
El “oxígeno” en dólares se estructuró a un plazo de 48 meses con un compromiso final de US$ 351.128 (capital más intereses), lo que exige una cuota mensual astronómica de US$ 7.315 (unos G. 55 millones al mes). Esta cifra se ubica G. 17 millones por encima de su remuneración bruta como presidente de la República, fijada en G. 37.908.800. Al 13 de noviembre de 2025, el mandatario ya había cancelado la cuota Nº 18.
Sin embargo, el dato que enciende todas las alarmas es el crédito en guaraníes, cuyo monto final trepó a G. 1.434.752.148, pero se pactó a un plazo relámpago de apenas seis cuotas mensuales. Esto obligó a Peña a des- embolsar la escalofriante suma de G. 239.125.358 cada mes; es decir, seis veces más que su salario como jefe de Estado. Ueno Bank ya informó a la Contraloría que este préstamo fue completamente liquidado.
¿Descalce mensual?
En resumen, durante medio año, el mandatario sostuvo un compromiso mensual que ascendía a G. 294.125.358 solo en cuotas bancarias con la citada entidad. Aquí es donde las matemáticas del informe oficial de la Contraloría colisionan con la realidad.
El ente de control expuso que Santiago Peña obtuvo en 2024 rendimientos por sus inversiones que totalizaron G. 1.818.664.513, lo que equivale a un promedio mensual de G. 151.555.376. Si a este monto se le suma su salario presidencial, sus ingresos mensuales conocidos alcanzan los G. 189.464.176.
La resta es inevitable y lapidaria porque salta un aparente déficit mensual de G. 104.661.182 que el presidente requería para cubrir únicamente sus compromisos crediticios con Ueno Bank, sin contar sus gastos de vida particulares.
Mansión en San Ber
El momento en que aparecieron estos créditos es sumamente sugestivo. El des- embolso en dólares se utilizó para avalar la construcción de su lujosa residencia de verano en San Bernardino, la cual ya se encontraba en etapa de amoblamiento y diseño de interiores.
La firma constructora Gómez Abente SA, representada por Santiago Gómez –suegro de Manuel Peña, hermano del presidente–, confesó a la CGR que el contrato de obra por US$ 900.000 se firmó el 17 de octubre de 2023. Es decir, la constructora familiar levantó la estructura durante siete meses sin haber cobrado un solo guaraní, esperando pacientemente en la sombra el auxilio financiero.
En el examen de la Contraloría la justificación roza el descaro porque mientras usó los US$ 300.000 para saldar parte de la cuenta acumulada con su entorno familiar, habría utilizado los G. 1.300 millones restantes para colocarlos en un Certificado de Depósito de Ahorros (CDA) por un total de G. 1.500 millones dentro del propio Ueno Bank.
Captura del dinero público
El trasfondo más grave es el extraordinario crecimiento de Ueno Bank a costa del Estado en perfecta sincronía con los favores al presidente. Las planillas de la Dirección General del Tesoro Público del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) muestran que para abril de 2024 –justo antes del “oxígeno” a Santiago Peña–, el banco ya había capturado G. 517.722 millones y US$ 15.241.221 en depósitos públicos, una cifra descomunal considerando que su primer depósito estatal ocurrió apenas en septiembre de 2023 y fue de solo G. 70.000 millones.
Tras “auxiliar” económicamente a Peña en mayo de 2024, el flujo de dinero de los contribuyentes hacia el banco privado se disparó sin frenos. Para julio de 2024, la entidad multiplicó sus depósitos estatales a US$ 39,6 millones y G. 880.971 millones. En solo dos meses, el banco creció un 160% en dólares y sumó G. 363.249 millones del Estado, bajo un absoluto misterio sobre qué garantías reales respaldaban semejantes movimientos.
La fiesta financiera cerró el año 2024 con Ueno Bank custodiando US$ 43 millones y la escalofriante cifra de G. 1,42 billones en fondos públicos. El incremento neto desde que Santiago Peña recibió su salvavidas fue de US$ 27,8 millones y casi un billón de guaraníes.
Llamativa doble vara
La actuación de la Contraloría General de la República ante este escenario confirma una selectividad escandalosa para asegurar la impunidad en la cima del poder. Mientras que al extitular de Petropar, Eddie Jara, el ente de control le aplicó un examen implacable que rastreó incluso sus años en el sector privado (2019-2022), con Santiago Peña decidió mirar para otro lado, autolimitándose estrictamente a su periodo en la función pública.
La CGR intentó justificar este trato alegando que Jara operaba fuera del sistema financiero formal, mientras que Peña poseía “trazabilidad”. Con este argumento, el órgano de control logró omitir deliberadamente el evidente y gigantesco conflicto de intereses que salpica al Jefe de Estado.
Al tratarse del Presidente de la República, contractualmente vinculado al principal accionista de la entidad que se convirtió en la mayor aspiradora de fondos públicos, Santiago Peña califica como Persona Expuesta Políticamente (PEP).
Por ley, esto obligaba tanto al banco como a la Contraloría a aplicar una debida diligencia reforzada, cumplimiento normativo financiero y un monitoreo estricto de prevención de lavado de dinero. En lugar de activar los controles anticorrupción ante el riesgo de tráfico de influencias y beneficios cruzados, la Contraloría prefirió “blanquear” la gestión presidencial de un plumazo.
