Entre el pasado 12 de mayo y hoy han dimitido dos ministros y cuatro secretarios de Estado, por diferentes razones, y dejan a Starmer en una posición cada vez más débil, con su autoridad contestada desde dentro del partido.
La renuncia del ministro de Defensa se produce por desacuerdos con el primer ministro sobre la política presupuestaria. Healey dijo en una carta dirigida a Starmer que el mandatario había demostrado ser "incapaz de dedicar los recursos que la nación necesita para defender al país en tiempos de amenazas crecientes".
A Healey le precedió otro ministro, el de Sanidad, Wes Streeting, que dimitió el 14 de mayo, y dijo entonces sentirse defraudado con Starmer porque "en lugar de visión, lo que tenemos es un vacío". Días después de dimitir, anunció que aspiraba a presentarse a las próximas primarias del Partido Laborista.
En cuanto a los cuatro secretarios de Estado dimitidos en este mes, todos presentaron su renuncia el mismo día, el 12 de mayo: la secretaria de Comunidades, Miatta Fahnbulleh; la de Salvaguardia, Jess Phillips; la de Violencia contra la mujer, Alex Davies-Jones; y el de Innovación en la salud, Zubir Ahmed.
Todos ellos dimitieron como señal de descontento por los pobres resultados del Partido Laborista en las elecciones municipales y regionales del 7 de mayo, y en desacuerdo con la tibia respuesta ofrecida por Starmer tras aquella derrota, de la que se beneficiaron sobre todo los populistas de Reform UK y los nacionalistas de Gales y Escocia.
Y aunque Starmer ha perdido en los dos años en el cargo a más figuras laboristas por distintas razones -entre ellos el destituido embajador en Washington Peter Mandelson, por vínculos con el pederasta Jeffrey Epstein-, la sangría de defecciones en este mes de mayo lo coloca en una situación muy frágil, y los observadores dudan de que pueda completar su mandato, que termina en 2029.