El proyecto se basa en la llamada talasotermia, una tecnología que aprovecha la energía térmica del agua del mar para producir frío en verano y calor en invierno.
La metrópoli de Niza-Costa Azul ha lanzado esta semana el proceso de licitación para crear una red urbana de calefacción y refrigeración alimentada por el mar. La inversión estimada se sitúa entre 80 y 100 millones de euros.
El sistema funcionará mediante bombas de calor e intercambiadores que captan la temperatura del agua marina a través de una red de tuberías subterráneas.
De acuerdo con las autoridades locales, el objetivo es reducir el uso de combustibles fósiles y estabilizar los costes energéticos utilizando una fuente local y constante de energía.
Una vez en funcionamiento, la tecnología podría cubrir las necesidades de calefacción y climatización de miles de viviendas y establecimientos hoteleros, con tarifas reguladas, según ha indicado la metrópoli en un comunicado.
Éric Ciotti, alcalde de Niza, se ha felicitado en redes sociales por encontrar "respuestas concretas para descarbonizar nuestro territorio".
La oposición ecologista, aunque favorable en principio, ha pedido que se realicen estudios de impacto para garantizar que la biodiversidad marina y las áreas protegidas del litoral no se vean afectadas.
El proyecto se enmarca en una estrategia de adaptación al cambio climático en ciudades costeras, cada vez más expuestas a olas de calor intensas y prolongadas.
Mónaco fue pionero en la Costa Azul al poner en funcionamiento una red de talasotermia.
La ciudad francesa de Cannes también está impulsando un proyecto similar, con el que prevé alimentar hoteles y 4.500 viviendas, así como reducir en 6.500 toneladas las emisiones de dióxido de carbono.
En cualquier lugar donde haya densidad urbana junto al mar, se puede aplicar este sistema, explican responsables del sector energético en Francia.
El proyecto de Niza se integra en su plan climático local, que prevé reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero antes de 2032. Si se cumplen los plazos previstos, la ciudad podría empezar a beneficiarse del sistema en los próximos años.
Este tipo de infraestructuras abre un debate más amplio sobre el uso del mar como fuente energética para enfriar ciudades costeras en un contexto de calentamiento global.
En regiones como el Mediterráneo, América Latina o el Caribe, donde numerosas ciudades sufren olas de calor cada vez más intensas, este modelo empieza a ser observado como una alternativa potencial dentro de las estrategias de adaptación urbana.
Su desarrollo, sin embargo, sigue condicionado por factores como el coste de las infraestructuras y la aceptación de unas obras que implican importantes intervenciones en el subsuelo de las ciudades.