Desde el 1 de mayo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés) contabilizaron 1.645 casos autóctonos confirmados y más de 5.100 en estudio en al menos 34 estados, frente a los 249 de 2025, por encima ya del récord de unos 4.700 de 2019.
El epicentro está en Míchigan, el estado más afectado que superaba los 3.000 casos a comienzos de julio, según su departamento de salud, que investiga el origen junto con la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA, en inglés).
La directora médica de la FDA, Natasha Bagdasarian, señaló que la lechuga aparece de forma recurrente en la investigación, aunque ningún cultivador ni proveedor ha sido confirmado como fuente.
Es una intoxicación alimentaria causada por el parásito 'Cyclospora cayetanensis', tan pequeño que solo se ve al microscopio, según la Cleveland Clinic.
Nadie sabe del todo cómo llega a los alimentos y al agua, pero en EE.UU. los brotes se vinculan una y otra vez a productos frescos, de acuerdo con los CDC. Es importante señalar que una persona puede contagiarse más de una vez.
El contagio es fecal-oral: al comer alimentos o beber agua contaminados con heces, incluida el agua sin tratar de piscinas o pozos, apunta la Cleveland Clinic.
No suele pasar de persona a persona, pues el parásito necesita una o dos semanas fuera del cuerpo para volverse infeccioso, precisan los CDC, que avisan de que la desinfección química habitual no basta para eliminarlo.
El signo más común es una diarrea acuosa, frecuente y a veces explosiva, que va y viene por tandas y puede sumar falta de apetito, adelgazamiento, hinchazón, náuseas, febrícula y fatiga, según la Clínica Mayo.
Suelen aparecer una semana después del contagio y, sin tratamiento, la enfermedad dura de unos días a más de un mes.
No suele ser mortal: de los 1.645 casos confirmados, 141 (un 9%) acabaron hospitalizados y ninguno falleció, según los CDC.
Hace falta un análisis de heces con una prueba específica que no es rutinaria, por lo que el médico debe pedirla de forma expresa; a veces se necesitan varias muestras.
El tratamiento de referencia es el antibiótico trimetoprima-sulfametoxazol (cotrimoxazol) y, para los alérgicos a las sulfamidas, las clínicas Mayo y Cleveland citan el ciprofloxacino o la nitazoxanida, además de reposo e hidratación. Con las defensas sanas se suele superar con o sin fármacos.
No hay vacuna, así que lo mejor es evitar los alimentos y el agua que puedan estar contaminados.
Para la lechuga y las verduras de hoja, las autoridades de Míchigan aconsejan comprar cogollos enteros en vez de bolsas ya lavadas, retirar las dos o tres capas exteriores y lavar el resto bajo el chorro; cocinarlas es lo más seguro. Lo mismo vale para el cilantro, la albahaca y la cebolleta, sin descuidar la higiene de manos.
Lavar reduce el riesgo, pero no garantiza eliminar el parásito, que resiste la desinfección química, recuerdan la FDA y los CDC.
Las frambuesas son de lo más difícil de limpiar, porque el parásito se esconde en las grietas de su superficie, y ni congelarlas lo asegura, advierte Michigan.
Los CDC piden además cuidado a quien viaje a zonas tropicales o subtropicales, donde la enfermedad es endémica. Ante una diarrea acuosa persistente conviene acudir al médico.