Ubicada en la principal arteria de la capital y declarada Monumento Histórico, la iglesia fue construida entre 1586 y 1618, pero su leyenda empezó uno años más tarde, con el denominado 'Terremoto Magno', el más destructivo de la época colonial y que, según los cálculos actuales, habría alcanzado una magnitud de 8.5.
La madrugada del 13 de mayo de 1647, según crónicas de la época, la tierra empezó a temblar violentamente durante casi 15 minutos y la ciudad entera se vino abajo.
Solo se salvó esta iglesia, de planta de cruz latina y mampostería de piedra, que desde entonces ya ha soportado alrededor de una quincena de sismos de magnitud superior a 7.
En ese entonces la suerte del templo se atribuyó a la "mística", pero la arquitecta Natalia Jorquera descubrió siglos después las razones que convirtieron a la Iglesia de San Francisco en símbolo de la sismorresistencia en Chile.
La académica de la Universidad de Chile empezó estudiando las paredes, el techo y los materiales, pero no encontró nada distinto al resto de construcciones de la época.
La sorpresa llegó, dijo a EFE, cuando analizó los cimientos del templo durante una serie de excavaciones realizadas en los costados del edificio.
"Esta iglesia tiene muros de piedra de 1,70 metros de espesor, por lo tanto esperábamos que sus bases fueran fundaciones de piedra aún más grandes, pero cuando empezamos a excavar nos encontramos todo lo contrario", indicó.
Lo que había a sólo 10 centímetros bajo la superficie eran pequeñas piedras de canto rodado, o 'bolones', apoyadas sobre una capa de arena y a su vez contenidas por los lados por otros muros.
"Durante un sismo, estos grandes muros patinan sobre esas piedras que ruedan sobre la cama de arena pero no se desparraman porque tienen una contención lateral. Es un sistema de amortiguación sísmica", explicó.
Esa técnica, inédita entre las construcciones coloniales, tiene gran similitud con una que usaba la civilización caral, considerada la más antigua de América y desarrollada hace 5.000 años en el norte de Perú.
La hipótesis de la arquitecta, que plasmó en el libro 'Iglesia de San Francisco. Arquitectura, construcción y comportamiento sísmico desde 1618', es que el sistema fue ideado por la mano de obra indígena que participó en la construcción.
La primera piedra de la iglesia se puso en 1572, cuando los españoles llevaban 31 años en Chile y no habían sufrido ningún sismo importante.
“Eso no fue más que el comienzo de las primeras paredes de ladrillos de adobe y barro que se vieron afectadas por tres incendios y un terremoto que derribó esa primera versión en 1583”, añadió.
Ubicado en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, Chile es uno de los países más sísmicos del mundo y registra, en promedio, más de 8.200 terremotos cada año.
Con cada temblor, se ha ido perfeccionando el conocimiento hasta llevar el país a la vanguardia en ingeniería antisísmica y en la actualidad cuenta con una de las normativas más exigentes del mundo, la llamada NCh433.
"Fue un proceso de siglos de ensayo y error que, 500 años después, se ha convertido en una normativa robusta y ha permitido innovaciones muy interesantes", afirmó a EFE Alberto Texido, de la Universidad de Chile.
De hecho, el Gobierno de Venezuela pidió la semana pasada ayuda para que expertos chilenos evalúen en terreno el estado de las miles de estructuras colapsadas tras el doble terremoto, que ya deja casi 5.000 muertos.
A diferencia de Caracas, donde los edificios cayeron sobre sí mismos como torres de Jenga, en el terremoto ocurrido en Chile en 2010, apenas colapsaron una decena de edificios.
La gran mayoría de las 525 víctimas fatales que dejó el terremoto de magnitud 8,8 -uno de los 10 más potentes de la historia- murieron debido al tsunami posterior.
Según los expertos, la tipología de edificios basado en muros de hormigón armado, llamados muros de corte, explican la actual resiliencia chilena.
"Esos muros hacen que el edificio se mueva menos y, si el error es crítico, cae de lado generando compartimentos de seguridad", explicó a EFE Ian Watt, representante chileno del Código Modelo Sísmico para América Latina y El Caribe, una plataforma que articula a una veintena de países y que ha contribuido a armonizar criterios técnicos y fomentar la cooperación regional.
En cambio, agregó, "cuando fallan las columnas en un edificio de marcos, las losas caen una arriba de la otra".
Para el ingeniero, uno de los grandes retos de la región radica en la vivienda informal, porque "no hay cómo saber si está bien o mal hecha".
"Hay que buscar estrategias y políticas públicas que simplifiquen formas de construir a bajo costo pero seguras sísmicamente", concluyó.