El que fuera alcalde de Mánchester se convirtió esta mañana en el séptimo jefe de Ejecutivo del Reino Unido en la última década, tras ser proclamado el pasado viernes como líder del Partido Laborista y recibir formalmente de manos del rey británico, Carlos III, el encargo de formar gobierno.
En su primer discurso como primer ministro, Burnham prometió para el país "los mayores cambios en los últimos cuarenta años", así como un plan de acción de diez años que, entre otras cosas, pondrá el foco en aliviar el costo de la vida, en cambiar el sistema educativo, en construir más vivienda subsidiada y todo ello "al respetar la disciplina fiscal" y los compromisos en defensa con los socios internacionales.
Este último punto lo ratificó con el primer nombramiento de su nuevo Gobierno: el de John Healey para hacerse cargo de la cartera de Economía, sobre la que había más expectación.
Healey fue ministro de Defensa en el Gobierno de Starmer hasta el pasado 11 de junio, cuando anunció por sorpresa su renuncia, precisamente por discrepancias con el ex primer ministro y el Tesoro británico por la "insuficiente" financiación para el plan de inversión en defensa.
En su carta de dimisión, Healey aseveró que Starmer y su predecesora al frente de Economía, Rachel Reeves, habían sido "incapaces" de financiar un gasto militar a la altura de las amenazas que enfrenta el Reino Unido. Por ello, su nombramiento anticipa un incremento en la partida del Presupuesto destinada a Defensa, pero también abre un interrogante: ¿De dónde sacará el dinero?
Como ministro de Exteriores Burnham ha escogido a Ed Miliband, exlíder laborista entre 2010 y 2015, titular de Energía con Starmer en el gabinete anterior, y quien tendría una sensibilidad más progresista.
En declaraciones a la BBC tras su nombramiento, el nuevo jefe de la diplomacia británica recordó que proviene de una familia de refugiados judíos que llegaron al Reino Unido huyendo de los nazis y del fascismo, un espíritu que dijo materializará al frente de Exteriores en un tiempo en el que valores como "la democracia, el estado de derecho y la libertad" están en peligro.
Aunque Burnham ha arrinconado a las figuras más 'leales' de Starmer, como Reeves o su vice primer ministro, David Lammy, nada más acceder al cargo, también ha mantenido algunas figuras del anterior Ejecutivo, o las ha cambiado de ramo, al dar una cierta sensación de continuidad más que de ruptura total con su predecesor.
Significativo es que Shabana Mahmood seguirá como ministra del Interior y mantendrá su política de 'mano dura' migratoria, tras endurecer los requisitos de visado o de obtención de residencia permanente; mientras que Yvette Cooper intercambiará la cartera de Exteriores por la de Sanidad.
A falta de conocer el organigrama completo del gabinete de Burnham, que previsiblemente se completará mañana, las llegadas que se han producido hoy en Downing Street también vaticinan regresos como el de Angela Rayner, la que fuera ex 'número dos' de Starmer, tras clarificar sus problemas fiscales, y nuevos nombres como el de Lucy Powell, hasta ahora vicelideresa del Partido Laborista.
En su primer día como primer ministro, Burnham también ha mantenido conversaciones con otros líderes mundiales: por orden, la primera llamada ha sido con el presidente estadounidense, Donald Trump; seguido del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a quien le ha reafirmado que "no habrá absolutamente ningún cambio" en el apoyo del Reino Unido a Ucrania.
Por último, habló con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a quien le expresó su intención forjar una relación "más estrecha y ambiciosa" con la Unión Europea (UE) y la emplazó a volver a programar la cumbre bilateral Reino Unido-UE, que estaba prevista esta semana, para finales de año.