Jobarteh ha presentado este lunes su proyecto en el festival La Mar de Músicas de Cartagena (este de España) con un concierto en el patio del antiguo cuartel de infantería de marina (CIM) en el que ha desplegado todo su virtuosismo, no solo con este instrumento, sino también con la guitarra española y con su potente y cálida voz.
Nacida en Londres en 1983, de madre inglesa y padre gambiano, la familia paterna de Jobarteh acumula una amplia y arraigada tradición musical.
Su abuelo, Amadu Bansang Jobarteh, está considerado uno de los principales griot de África Occidental, y tanto su padre, Sanjally Jobarteh, como su hermano, Tunde Jegede son virtuosos de la kora, instrumento con el que su primo, Toumani Diabaté, es también conocido a nivel mundial.
Sin embargo, ha sido a su abuela a quien ha dedicado la canción apertura del concierto, a la que ha seguido el tema "Musolu", mujer en lengua mandinga, dedicado, ha dicho, a todas las mujeres.
Y es que, aunque la kora es un instrumento reservado exclusivamente para los hombres, Sona Jobarteh comenzó a tocarlo con solo 3 años de la mano de sus familiares, al tiempo que se formaba en el prestigioso Royal College of Music de Londres.
La lucha por los derechos de las mujeres y por potenciar su educación en el continente negro la llevó a fundar una escuela de música en Gambia en 2014, en la que enseña principalmente instrumentos tradicionales de la cultura mandingo.
Sona Jobarteh es la artista total: compone, canta y toca media docena de instrumentos, desde el violonchelo hasta el piano pasando por el clavicémbalo o la guitarra española, pero su carrera la ha llevado a ser la primera mujer en el mundo que toca la kora a nivel profesional.
Su virtuosismo no ha dejado indiferente esta noche en La Mar de Músicas, donde se ha disculpado con el público por no hablar español: "Yo hablo música, y espero que entiendan el lenguaje de la música", ha dicho.
Y lo ha conseguido, ya que ha puesto a cantar al público en lengua mandinga y ha interactuado en todo momento con sus seguidores, sin límites idiomáticos.
La artista ha impresionado con su manejo de este espectacular instrumento de 21 cuerdas, a medio camino entre un arpa y un laúd, con su caja de resonancia elaborada con calabaza y un tamaño considerable.
Acompañada por cinco músicos en el escenario, ha demostrado su capacidad para hacer convivir instrumentos tradicionales africanos como los djembés o el balafón (un xilófono de madera con calabazas huecas que ha tocado su hijo, de solo 19 años), con otros contemporáneos como la guitarra española, el bajo o la batería.
La intérprete ha desplegado también toda su calidad vocal y ha puesto a bailar a un público totalmente entregado en un viaje al ritmo, la alegría, la fuerza y la energía de África.
A lo largo de su repertorio ha interpretado canciones en defensa de la libertad, de los derechos de las mujeres, de la importancia de que los jóvenes conozcan y mantengan su cultura y sus tradiciones y de la responsabilidad de los músicos de transmitir "mensajes potentes" con sus canciones.