El portavoz de la Cancillería china Lin Jian declaró hoy en una rueda de prensa que Pekín "concede gran importancia" a las diferencias económicas y comerciales con la Unión Europea (UE), pero sostuvo que estas pueden resolverse mediante "diálogo y consultas" y no deben convertirse en "un obstáculo" para la confianza mutua ni en un argumento para el "desacople".
Lin aseveró que no existe "compra o venta forzosa", después de que Merz y Macron pidieran recientemente en Alemania un diálogo con Pekín para corregir los desequilibrios comerciales y abordar cuestiones como las transferencias tecnológicas, la relación monetaria y las subvenciones.
"China no persigue deliberadamente un superávit comercial con Europa", agregó el vocero, al tiempo que defendió que la estructura del comercio bilateral responde a la división internacional del trabajo, las ventajas comparativas de cada país y otros factores.
El portavoz aseguró que China cumple las normas de la OMC y los principios de libre comercio, competencia justa, apertura y cooperación, y negó que existan subsidios prohibidos por ese organismo.
Lin atribuyó la competitividad industrial china a su sistema productivo, su mercado de gran escala, su ecosistema de innovación y la inversión sostenida de sus empresas.
El portavoz también rechazó las críticas sobre el tipo de cambio al afirmar que China, como "potencia responsable", nunca ha manipulado su moneda, "no practica devaluaciones competitivas" ni utiliza el tipo de cambio como herramienta para responder a disputas comerciales o perturbaciones externas.
Merz afirmó el pasado viernes, junto a Macron, que ningún país de la UE mantiene un balance comercial positivo con China y que el déficit anual comunitario supera los 300.000 millones de euros, mientras el presidente francés instó a "corregir las disfunciones en materia del cambio de la moneda y la relación monetaria" con China.
Macron defendió asimismo que Europa obtenga transferencias tecnológicas de China en lugar de limitarse a importar sus productos.
La respuesta china coincide con la visita a Pekín de una delegación de eurodiputados encabezada por el alemán David McAllister, que aborda estos días con autoridades chinas varios puntos de fricción entre Pekín y Bruselas, entre ellos el desequilibrio comercial, la guerra en Ucrania y la dependencia tecnológica.