“Entrego a mi sucesor un ejército que no solo defiende, sino que también está a la ofensiva, con iniciativa, estructura y gente que sabe cómo vencer al enemigo”, dijo el comandante en jefe saliente, Oleksandr Sirski, en su mensaje de despedida.
Los contraataques ucranianos en el sur, combinados con los ataques con drones en la retaguardia rusa, han ralentizado el avance enemigo hasta su ritmo más bajo en tres años, a pesar de más de 250 enfrentamientos diarios en el frente.
Sin embargo, las fuerzas rusas siguen avanzando gradualmente en algunas zonas de Donetsk, sobre todo al este de Sloviansk y cerca de Dobropillia, con el objetivo de capturar toda la región oriental antes de iniciar cualquier negociación genuina.
La presión rusa, junto con la posible movilización de hasta 500.000 militares tras las elecciones parlamentarias de septiembre, exigirá un mayor fortalecimiento del ejército ucraniano.
Muchos observadores consideran que Drapati es la persona idónea para liderar estos esfuerzos.
Según el centro de estudios Frontelligence Insight, este comandante de 43 años es un oficial excepcional que "ha ascendido por todos los niveles de mando en tiempos de guerra", acumulando una experiencia única.
En cada una de sus funciones durante la invasión a gran escala, Drapati ha aportado mejoras notables en el campo de batalla. Ayudó a detener una sorpresiva ofensiva rusa en la región de Járkov en 2024 y limitó los avances del enemigo cerca de Pokrovsk en 2025.
“Quizás el aspecto más significativo de la reputación de Drapati no sea su historial de combate, sino un enfoque diferente hacia el personal y la información”, señala, sin embargo, el mismo centro de estudios.
Drapati ha hablado abiertamente sobre los efectos perjudiciales de las mentiras que se propagan en la cadena de mando por miedo al castigo.
Él, en cambio, busca la opinión de los oficiales subordinados, fomenta la retroalimentación honesta y ajusta sus decisiones en función de la realidad sobre el terreno.
Sus subordinados lo describen como un "oficial humano" que sopesa cuidadosamente el coste humano de las operaciones y valora la vida de los soldados, un estilo que algunos consideran que contrasta con el enfoque de su predecesor.
Según Frontelligence Insight, sus prioridades incluyen mejorar la formación y la adaptación de los nuevos reclutas para reducir las tasas de deserción, así como consolidar las brigadas existentes en lugar de crear constantemente otras nuevas, una práctica ampliamente criticada dentro del ejército.
“Muchos soldados lo consideran la mejor opción para este puesto”, dijo Dmiro Koziatinski, veterano de guerra y líder de las protestas que se han prolongado durante siete días tras la destitución del ministro de Defensa, Mijailo Fédorov.
Si bien las habilidades y la visión de Drapati son ampliamente reconocidas, la implementación del cambio podría enfrentar los mismos obstáculos que llevaron a la salida de Fédorov. Drapati puede carecer del peso político de sus predecesores, necesario para superar la arraigada resistencia dentro del sistema.
El ministro interino de Defensa, Yevgueni Jmara, ha prometido cooperar con Drapati. Sin embargo, los manifestantes insisten en que solo el retorno de Fédorov puede confirmar la voluntad política necesaria para las reformas.
Drapati necesitará un amplio apoyo para reformar la controvertida movilización forzosa. Su estilo de liderazgo podría hacer que el servicio militar resultara menos intimidante para los posibles reclutas, en contraste con los supuestos asaltos de infantería de alto coste humano bajo el mando de Sirski.
La robotización en curso está ayudando a compensar la escasez de personal y los drones ya eliminan entre el 80% y el 90% de los soldados rusos incluso antes de que lleguen a las posiciones ucranianas, según declaró a EFE Oleksi Melnik, del Centro Razumkov.
No obstante, dados los planes de movilización en Rusia, Ucrania seguirá necesitando un número significativo de reclutas mientras Drapati también podría enfrentarse a la presión política para obtener resultados rápidos en el frente.