El coronel Majid al Nuzaili, portavoz de las Fuerzas Armadas del Yemen, afirmó que el ataque del viernes por la noche tuvo como objetivo una instalación civil, económica y marítima vital para el comercio y el transporte de alimentos y bienes esenciales, lo que provocó la muerte de un agente de seguridad portuaria, al tiempo que dos marineros están desaparecidos.
Al Nuzaili indicó que el ataque demuestra lo que describió como el continuo esfuerzo de los hutíes por imponer un "asedio asfixiante" a los yemeníes, al bombardear la infraestructura civil y económica.
Advirtió que el ataque "no quedará impune" y que recibirá una "respuesta decisiva y severa, proporcional a la magnitud de la amenaza y los crímenes cometidos".
El portavoz militar hutí, Yahya Sarea, declaró que los misiles tuvieron como objetivo concentraciones de unidades militares y buques de guerra.
Por otro lado, fuerzas afines al Gobierno yemení reconocido internacionalmente informaron haber repelido una ofensiva hutí desde diferentes ejes, especialmente en el frente principal al oeste de la provincia suroccidental de Taiz durante la madrugada de este sábado.
Estos combates provocaron la muerte y heridas de 55 insurgentes, de acuerdo con el portavoz de las Fuerzas Conjuntas yemeníes, Waddah al Dubaish, que no desglosó la cifra de víctimas.
Estos combates derivaron en enfrentamientos a corta distancia, indicó Al Dubaish, que señaló que las unidades de asalto y de incursión de la Resistencia Nacional respondieron con emboscadas que detuvieron el avance.
Hasta el momento, los hutíes no han reaccionado ante esta información.
Estas últimas acciones se suman a la mortífera escalada en esta zona de la costa occidental del Yemen, que tiene una gran importancia estratégica.
Moca está controlada por fuerzas alineadas con el gobierno yemení reconocido internacionalmente y se encuentra cerca del estrecho de Bab al Mandeb, un importante punto estratégico marítimo que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén.
Los rebeldes hutíes controlan Saná, la capital del Yemen, y gran parte del norte y el oeste del país desde que tomaron la ciudad a finales de 2014.
Las fuerzas afines al gobierno, respaldadas por potencias regionales durante gran parte de la guerra, mantienen el control de zonas de la costa occidental.
Los hutíes y sus rivales han evitado en gran medida un retorno a los niveles de combate a nivel nacional que se registraron antes de la tregua negociada por la ONU en 2022, pero la escalada del conflicto por parte de los insurgentes ha continuado en varios frentes.