Roudy, quien nació en 1929 en el seno de una familia modesta de Pessac (en el departamento de la Gironda), pasó también a la historia por dirigir el primer ministerio en Francia dedicado a los Derechos de las Mujeres, creado bajo el primer mandato del socialista François Mitterrand y que ella ocupó entre 1981 y 1986.
La política, una autodidacta que hizo carrera en la traducción del inglés tras comenzar a trabajar como conservera de pescado a los 16 años y en la industria textil, estuvo detrás de dos importantes leyes en favor de los derechos de las mujeres en Francia.
La de 1983 sobre igualdad profesional, que lleva su nombre, y la de 1982, que permitió el reembolso de la interrupción voluntaria del embarazo, que había sido despenalizado en 1975 por una ley promovida por Simone Veil.
Roudy sacó adelante la ley de 1982 tras un duro combate político en la Asamblea Nacional francesa, donde llegó a ser acusada por sus opositores de "violar las consciencias" con esa medida.
"No ignoraba que iba a ser difícil. Por eso lo hice de inmediato" nada más tomar posesión como ministra, comentó, en unas declaraciones recuperadas por Libération.
Para la activista feminista, la Seguridad Social era, para las mujeres, "la garantía del anonimato (...), el levantamiento de cierta forma de reprobación social".
Más de 40 años después de esa ley, en 2024, la libertad de abortar quedó en Francia consagrada en la Carta Magna, poco después de que la Corte Suprema de Estados Unidos suspendiese en un fallo la protección del derecho al aborto.
Durante su larga carrera política, la socialista fue también Diputada europea (1979-1981), diputada de la Asamblea Nacional por Calvados (1986-1988) y alcaldesa de la pequeña ciudad de Lisieux (1989-2001).
De su currículum profesional, sobresale su determinación en una época de la posguerra en la que las mujeres tenían el acceso a los estudios restringidos. Mientras trabajaba en la industria textil y del pescado, asistió a clases nocturnas para obtener el bachillerato a los 26 años.
Tras conocer a su marido Pierre, lo acompañó a Escocia a principios de la década de 1950 sin hablar inglés, idioma que aprendió de forma autodidacta en la biblioteca devorando las obras de Virginia Woolf.
Esta experiencia encendió su pasión por la literatura anglosajona y la traducción, lo que la ayudó a entrar en una empresa estadounidense radicada en Burdeos y, posteriormente, dar el salto a París, donde conoció a la feminista Colette Audry.
Esa fue su puerta de entrada a los medios progresistas franceses de los años 60, década en la que se adhiere al proyecto de Mitterrand.