La imponente escultura de cerámica de la deidad Tzinacantecuhtli da la bienvenida a la muestra 'Seres del mito y la imaginación: Europa y las Américas', que reúne más de 50 obras fechadas entre los años 500 y 1500 y por primera vez ha llevado antigüedades americanas a esta sede del Museo Metropolitano (Met) dedicada al arte medieval europeo.
"La exposición trata más de lo que compartimos a través de las diferencias culturales que de lo que nos hace distintos", explica a EFE la comisaria de arte medieval ibérico Julia Perratore, una de sus responsables, en un recorrido antes de que cierre sus puertas el 18 de octubre.
El Dios murciélago, una deidad con torso humano pero con la cabeza del animal y "asociada tanto con la creación como con la muerte", dice la experta, ha sido uno de los principales préstamos del Museo del Templo Mayor, perteneciente al Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, y volverá pronto a su hogar tras debutar en la Gran Manzana.
Cerca de la escultura, en la pared de piedra de una galería de aire catedralicio en la que entra luz natural a través de vidrieras, luce un dragón de los frescos procedentes del monasterio de San Pedro de Arlanza, en Burgos, de la colección del museo, y forma una particular escena que invita a sentir "intimidación, admiración o sobrecogimiento".
Y es que la muestra propone apreciar el "extraordinario alcance de la imaginación humana", pero también los "desafíos que enfrentaron escultores, orfebres, pintores y tejedores de distintas partes del mundo al darles forma", según su texto de apertura.
El recorrido continúa por una sala contigua y después bajando unas escaleras, donde aguardan decenas de objetos en vitrinas, como recipientes europeos para lavarse las manos, vasijas moche del norte de Perú y adornos de ambos lados del océano con combinaciones de rasgos humanos y animales, y "abiertas a interpretación".
"Cuando el público tiene la tarea de observar, de encontrar, el proceso de descubrimiento resulta aún más emocionante", asegura Perratore, que tiene apodos para algunas de las piezas y, por ejemplo, habla de la 'Señora cacahuete', una de tres vasijas moches que combinan formas humanas y vegetales: la yuca, el frijol y el cacahuete.
Los objetos a exposición proceden de lo que hoy son países europeos, como Alemania, Suiza o España, y latinoamericanos, como Panamá, Costa Rica y Colombia, y sorprenden por sus similitudes en los materiales, las técnicas o las formas, y posiblemente los usos que se les dieron en su momento como símbolos de estatus o elementos rituales.
"Hay paralelismos fascinantes en las formas en que se utilizan las criaturas híbridas en distintas culturas. Esa noción de los mundos paralelos nos fascinó, ya que plantea preguntas universales sobre qué significa ser humano y qué significa hacer arte", comenta la comisaria.
"¿Por qué necesitan las personas criaturas híbridas en sus vidas? ¿Por qué las inventan, para empezar? Y, una vez que las han inventado, ¿cómo las representan? ¿Qué técnicas podrían utilizar? ¿Qué materiales? ¿Y cómo podrían estas criaturas formar parte de sus vidas, a falta de una expresión mejor?", reflexiona.
Para seguir alimentando la curiosidad de los visitantes que viajan hasta los Met Cloisters, ubicados en una colina de un parque en el Alto Manhattan, la institución ha colocado etiquetas especiales que señalan criaturas fantásticas en el resto de sus instalaciones, y que están presentes en obras populares, como sus tapices con unicornios.