Para visitarlo hay que viajar a Zaña, una localidad de la costa norte de Perú cercana a la ciudad de Chiclayo que en 2017 fue reconocida por la Unesco como 'Sitio de la Memoria de la Esclavitud y de la Herencia Cultural Africana', lo que enmarca a esta población en la internacional Ruta del Esclavo.
Gracias al director del museo, Luis Rocha, a sus colaboradores y a la voluntad de los vecinos, que han contribuido con donaciones, Zaña cuenta así con un espacio para rememorar tradiciones y vivencias que marcaron a la comunidad afro.
Sus salas rinden homenaje a la cultura y música afro, y hay decenas de instrumentos como tambores, checo, la angara, la botija de barro, marimbas y el tamborejo. Sobresale la colección de decenas de tambores de matriz africana, elaborados en tronco ahuecado y cubiertos con cuero.
Las mujeres aparecen con un rol protagónico con sus recetas y objetos domésticos, así como carretas que utilizaban en las haciendas y diversas figuras y esculturas africanas.
También se muestran copias de contratos de venta de esclavos e instrumentos de tortura, como los sellos de metal con los que marcaban a fuego a los esclavos con las iniciales de sus compradores, así como ilustraciones racistas del siglo XIX.
Zaña, conocida al inicio de la época colonial como la Sevilla del Perú, está ubicada a 750 kilómetros de Lima y pasó de ser cuna del pueblo preincaico mochica a una importante ciudad en el Virreinato español al estar junto a un valle y cerca al mar. En ella se construyeron iglesias y conventos de varias congregaciones.
Los esclavos llegaron por el puerto cercano de Chérrepe para trabajar en 31 haciendas de caña de azúcar manejadas por españoles; y durante los siglos XVI y XVII fue capital de la región.
El director del museo explica a EFE que una serie de infortunios cambiaron radicalmente su suerte: primero, en 1686, el temido pirata Edward Davis y su tripulación saquearon toda la ciudad, incluyendo las iglesias y las alhajas de todas las familias españolas adineradas.
Pocos años después, en 1720, un fenómeno climático de El Niño extremadamente fuerte devastó la ciudad, arrasó con los conventos y cultivos después de que lloviese durante 15 días y el río Zaña se desbordase.
Ambos sucesos provocaron que los españoles se mudaran a ciudades cercanas como Trujillo y Lambayeque y los esclavos se quedaron libres en Zaña. Por eso, esta localidad, aunque se fue mezclando, tiene aún un alto porcentaje de personas afroperuanas.
"Los patrones huyeron a diferentes partes de Perú. Entonces se vieron libres y, al verse libres, comenzaron a practicar sus danzas y sus costumbres que ellos mayormente tienen de cada país como el baile a tierra, el zango, el tondero y el alcatraz", dice a EFE Henry Guevara, ayudante del museo.
El papa León XIV, que fue obispo de Chiclayo durante ocho años, visitó varias veces Zaña y otros puntos del valle y conoció la labor del museo, por lo que ahora también hay un espacio en la exposición dedicado al pontífice.
"En este museo, lo que hemos hecho es triangular la vida y raíces de Santo Toribio, la vida del papa y los conventos que hay acá en Zaña, que tuvo una gran cantidad de conventos de arquitectura medieval y renacentista", indica Guevara al recordar que el santo español murió en Zaña en 1606.
Señala con cariño la fotografía del papa con Bastián, un niño de Zaña, quien frente a Robert Prevost tocó el cajón, el mismo que posteriormente fue adoptado por el flamenco de la mano de Paco de Lucía, y que tiene su origen en las comunidades afro de Perú.