Así lo indicaron a EFE fuentes oficiales del reino hachemita, que asigna hoy apenas 60 metros cúbicos anuales por habitante, cuanto el mínimo para salir de la pobreza hídrica se sitúa en 150 metros cúbicos, dentro de un balance donde los recursos renovables del país apenas alcanzan los 680 millones de metros cúbicos frente a un consumo de 1.093 millones.
Ante esta brecha crítica, Amán apuesta por la construcción del denominado Proyecto Nacional de Acueducto, un megaproyecto de desalinización masiva que se encuentra en la recta final de sus trámites técnicos y financieros para iniciar obras antes de que concluya el año.
Según explicó a EFE el portavoz del Ministerio de Agua e Irrigación, Omar Salameh, se espera que esa infraestructura comience a bombear en 2030 unos 300 millones de metros cúbicos anuales de agua desalinizada, para cubrir cerca del 40 % de las necesidades del agua potable y dotar al país de una fuente nacional independiente para consolidar su autosuficiencia.
Y es que dada la situación de Jordania, el agua se ha convertido también en una baza geopolítica en la que el reino tiene pocas opciones.
Jordania recibe de Israel un caudal fijo de suministro procedente de los rios Yarmuk y Jordán por el tratado de paz firmado entre ambos países en 1994, lo que no parece que vaya a cambiar pese a las tensiones bilaterales y la guerra en Gaza.
Sin embargo, Salameh apuntó que lo que no está aprobado y requiere negociaciones particulares es la compra de partidas adicionales de agua que el reino solía adquirir a su vecino para aliviar su déficit diario.
Esta interrupción de las ventas extra constituye, apunta a EFE el analista en geopolítica regional Amer al Sabaileh, un elemento de vulnerabilidad para el país ya que el agua podría utilizarse como instrumento de presión política sobre Amán ante la actual situación regional.
Siria, que podría ser otra fuente de suministro de agua para Jordania a través de sus cuencas compartidas, de momento no parece prometer opciones, ya que la lenta reconstrucción del país y la inestabilidad en la zona sur -también bajo presión israelí- dificulta que se pueda avanzar ahí en el corto plazo.
Mientras busca opciones fuera, en el plano interno el Gobierno recurre a fuentes no tradicionales para estirar cada gota de agua.
El tratamiento de aguas residuales aporta ya más de 200 millones de metros cúbicos anuales a la agricultura e industria, a lo que suma la captación pluvial y la desalinización de agua salobre.
En paralelo, las autoridades buscan optimizar las redes de distribución: tras reducir el desperdicio al 41 %, la meta del Ejecutivo es recortar esas pérdidas técnicas y comerciales hasta el 25 % para 2040, según el Ministerio de Agua e Irrigación.
Sin embargo, el cambio climático y las necesidades de la población imponen cierta urgencia a esas medidas.
Si la tendencia actual de consumo, y las bajas precipitaciones exacerbadas por el cambio climático persisten, la Estrategia Nacional del Agua -plan gubernamental con el que el reino planifica, gestiona y proyecta la seguridad hídrica del país a medio y largo plazo- advierte que la cuota individual de recursos hídricos renovables podría desplomarse a tan solo 35 metros cúbicos anuales para 2040.
Raed Abu Saud, el ministro de Agua e Irrigación jordano, ya apuntó la alarma de su país el pasado mes de septiembre durante la reunión de la Consejo Árabe del Agua en Roma, en donde instó a los países de la región a evitar que el agua se utilice como arma, instrumento político o monopolio.