La segunda economía mundial aceleró desde el 4,3 % registrado entre abril y junio y creció un 1,2 % respecto al trimestre anterior, por encima de las expectativas. Entre enero y septiembre, la expansión acumulada fue del 4,6 %, en línea con el objetivo oficial de crecimiento anual de entre el 4,5 % y el 5 %.
Previamente, el FMI había recortado una décima sus pronósticos para 2026 y 2027, hasta el 4,5 % y el 4 %, respectivamente, por el encarecimiento del petróleo, la "incertidumbre prolongada" y los problemas estructurales.
En su informe, el Fondo insistió en la necesidad de que China reoriente su economía hacia el consumo interno para reducir los desequilibrios exteriores.
"La mejora oculta un nuevo debilitamiento de la demanda interna", señala el economista Nguyen Hoang Nam, de Capital Economics, quien considera que la aceleración del tercer trimestre se explica enteramente por las exportaciones netas.
Según sus estimaciones a partir del desglose oficial, la aportación de la demanda interna al crecimiento se redujo de 3,4 a 2,7 puntos porcentuales, mientras que la del comercio exterior aumentó casi un punto.
"El auge de la inteligencia artificial (IA) sigue siendo una importante fuente de crecimiento, pero parece depender cada vez más de la demanda exterior", agrega el experto de la consultora británica, que observa una pérdida de impulso de la inversión doméstica en infraestructuras tecnológicas.
Nguyen muestra además su escepticismo de que el crecimiento haya repuntado en la práctica: su medición alternativa de actividad apunta a una expansión cercana al 2 % en el tercer trimestre.
"La demanda interna sigue siendo el eslabón débil", coincide Dave Chia, de Moody's Analytics, que destaca que la inversión inmobiliaria descendió un 20,6 % interanual en los nueve primeros meses, en el marco de la larga crisis que sufre el sector, y que el gasto de los hogares avanzó menos que sus ingresos.
Los datos oficiales de septiembre también mostraron esa disparidad. Mientras la producción industrial creció un 5,5 % interanual, las ventas minoristas apenas aumentaron un 1,1 %, y la inversión en activos fijos acumuló una caída del 7,2 % entre enero y septiembre.
Las previsiones de los analistas, no obstante, difieren. El banco de inversión japonés Nomura ha elevado al 4,7 % su estimación de crecimiento para 2026 y anticipa un último trimestre más dinámico, apoyado en las exportaciones, una base de comparación favorable y las medidas oficiales, entre las que figuran programas de flexibilización monetaria o subsidios hipotecarios.
Sin embargo, el banco japonés advierte de "desafíos crecientes en 2027", ante la prolongada crisis inmobiliaria y las dificultades fiscales que lastran la inversión.
Por su parte, UBS Securities calcula una expansión anual del 4,6 % y considera que el objetivo gubernamental puede alcanzarse sin grandes estímulos adicionales.
"Incluso si el PIB del cuarto trimestre creciera un 4,3 % interanual, el crecimiento anual alcanzaría el límite inferior del objetivo, el 4,5 %", señala su economista jefe para China, Yu Song.
Moody's Analytics también proyecta un 4,6 % para este año, pero advierte de que "el crecimiento depende de un único motor externo que empieza a mostrar señales de tensión", en referencia al comercio exterior, ante el riesgo de nuevas barreras comerciales y una reversión del auge mundial de los semiconductores.