Migrantes LGTBI reclaman protección internacional tras casi tres meses en Ceuta

Madrid, 22 oct (EFE).- "Si vuelvo a Marruecos, me matarán, pero si no me dan el asilo, me mataré yo”, dice a EFE Fariha, una de las decenas de migrantes del colectivo LGTBI que cruzaron a la ciudad española de Ceuta de forma irregular durante la entrada masiva de finales de julio para huir de Marruecos, donde la homosexualidad está penada con cárcel, y que ahora reclaman protección internacional.

Fariha es una mujer transexual de 29 años nacida en Tánger (Marruecos) que desde pequeña “soñaba con ir a España para tener una vida mejor, para poder ser ella misma".

El pasado 30 de julio vio su oportunidad: “Me desperté y vi en redes sociales que mucha gente estaba yendo a Ceuta. Así que cogí mi ropa y me fui”. Cruzó a nado con una sola mano, ya que, según cuenta a EFE, su padre le había pegado y tenía 25 puntos.

Junto a ella, entre el 30 y 31 de julio más de 80.000 migrantes entraron de forma irregular en la ciudad norteafricana de Ceuta: 141 personas murieron en el intento y las relaciones entre Marruecos y España se tensaron.

Entre esos migrantes, al menos varias decenas forman parte del colectivo LGTBI, según apuntó desde Madrid a EFE la activista transexual marroquí Tima Agueddour, quien obtuvo la protección internacional en España hace tres años.

Algunas ONG, como Border Resistance, prefieren no dar cifras exactas, pues explican que es “muy difícil contabilizar a las personas del colectivo y que ese registro deben hacerlo las autoridades”.

Mientras, la ministra española de Juventud e Infancia, Sira Rego, mantuvo el miércoles una reunión con representantes de ACNUR, a quienes comentó, sin dar cifras, que algunos de los menores migrantes que siguen en Ceuta son beneficiarios de protección por su pertenencia al colectivo.

No obstante, fuentes policiales advirtieron a EFE de un cambio en el perfil de los solicitantes de asilo en las últimas semanas, con un aumento de las relacionadas con la orientación sexual en detrimento de los motivos económicos, que normalmente son desestimados.

Ahmed y Suleiman, una pareja gay de Marruecos, también entraron irregularmente a nado en Ceuta, aunque lo hicieron el 26 de julio, días antes de la entrada masiva.

A ambos los echaron de su casa por ser homosexuales. Ahmed explica a EFE por teléfono que en su ciudad vivía un “infierno”: concedió una entrevista en un medio local en la que confesó su orientación sexual y, desde entonces, no pudo “volver a salir tranquilamente a la calle”.

Su familia lo obligó a regresar al medio de comunicación para pedir perdón y negar que fuera homosexual, en un país cuyo Código Penal castiga los “actos antinaturales con personas del mismo sexo” con penas que oscilan entre los seis meses y los tres años de prisión.

Al llegar a España, pensaban que su situación mejoraría, pero tuvieron que huir de otros migrantes que les perseguían al grito de "aquí están los maricones”.

Fariha también sufrió agresiones y ataques tanto de migrantes como de la población ceutí: "En Marruecos estaba en una situación terrible por mi familia y la comunidad, y aquí sigo sufriendo los mismos insultos. Hay mucha violencia y abuso por ambas partes”.

 Al llegar, estuvo once días durmiendo escondida en los bosques a las afueras de la ciudad, sin comida ni bebida.

Después consiguió alquilar un alojamiento con dinero donado por amigos del colectivo residentes en España y, finalmente, fue acogida en un centro. Apenas sale de él porque fuera la violencia "es tremenda".

La situación de Ahmed y Suleiman es similar, fueron acogidos por una mujer en Ceuta pero, a partir del 30 de julio, ella tenía miedo y comenzaron a dormir en la calle.

"Un día nos pusimos a llorar cerca de una playa. Allí, un extranjero nos vio, se acercó a nosotros y nos dio la dirección de una asociación. Fuimos allí y, gracias a esta asociación, hemos podido tener una habitación donde dormir y ducharnos”, declara Ahmed.

Ahmed y Suleiman confiesan que desean irse a cualquier sitio de Europa donde puedan estar seguros y quererse libremente.

Fariha desea trasladarse a la península para trabajar duro y ayudar al colectivo; quiere “colaborar con la sociedad española” porque “ama España” y no quiere que nadie más pase por lo que ella ha vivido.

“Han venido para salvar su vida, porque hoy o mañana esta chica puede estar muerta en una calle de Marruecos. Puedes acabar en la cárcel por amar a una persona”, denunció Agueddour.

Fariha asegura que solo pide "celeridad en el proceso porque todo empeora día a día, es invivible seguir en esta situación”, señala en una llamada telefónica a EFE frente a una comisaría de policía a la que acudió tras haber sufrido una agresión el día anterior.

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