Pessoa de Melo, autor del libro “Gana quien comete menos errores”, es consultor político y estratega de marketing brasileño con cerca de 30 años de trayectoria en campañas electorales y gubernamentales en América Latina y Portugal.
-¿Cómo ve Pessoa el final de este duelo apasionante Lula-Bolsonaro?
-Hay una polarización perversa, ¿no? El antipetismo y el antibolsonarismo. Entonces, vamos a definir como una elección del contra, ¿no? Una elección del menos peor. Otra gran motivación del voto es el sentimiento de cambio, favorable a Bolsonaro. El PT y Lula están enganchados por la fatiga de material de casi 20 años en el poder. De alguna manera es el mismo fenómeno electoral que sucedió con la elección de Milei. El cansancio, el agotamiento, el desaliento, el desencanto con el peronismo y el kirchnerismo llevó a un electorado a fijar un razonamiento básico, lógico y emocional a la vez. Los argentinos llegaron a la conclusión de que pagaron el precio de los platos rotos durante todo este periodo de hegemonía del peronismo y kirchnerismo y que ya no tenían mucho más a perder. “Vamos a apostar a ese loco Milei que se posicionó como un tipo disruptivo”, dijeron. Él consiguió crear una conexión emocional de un mensaje disruptivo, un mensaje de cambio…
-Tenía un mensaje muy novedoso, muy práctico para describir a los dueños del poder…
-Claro, él tenía de alguna manera una imagen como economista y logró establecer esa conexión emocional con el electorado. ¿Qué es lo que sucede hoy con Lula? Lula es un “basta”, “Lula está viejo”, “tiene problemas cognitivos”…
-Y ¿es así? ¿Se nota?
-“El pez muere por la boca”, se suele decir. Dice tonterías, barbaridades, pisa el palito, ¿no? Y eso de alguna manera aparta a algunos electores que se sienten ofendidos por esos disparates de Lula. El PT perdió la conexión del relato con sus bases, y eso de alguna manera se refleja mucho en la pérdida de uno, dos o tres puntos de su electorado cautivo que siempre ha sido el nordeste brasileño. El PT no dialoga más, no entendió que las demandas de las personas cambiaron mucho. Ya no es suficiente darles solamente la bolsa a familia y otros planes sociales. Las personas quieren más de eso. Las personas quieren básicamente prosperar, tener una vida mejor. El PT ha generado demasiadas expectativas que no se cumplieron, y eso provocó un desencanto, un desaliento, una frustración en sectores importantes de su electorado. Y el PT quedó sin oferta electoral, sin propuesta. Su propuesta electoral es el pasado, es retrospectivo, pero el pasado ya se consumió, ya se metabolizó, ya se naturalizaron los planes sociales, y las personas creen que la protección social que el PT ofrece es un derecho, no un favor del PT.
-¿Qué factor inclinó la balanza en la primera vuelta a favor de Bolsonaro?
-En la primera vuelta hubo un factor extra, el rechazo de la Corte Suprema. Es un sector que mueve las clases medias y medias altas del Brasil. Hay un rechazo muy grande con la Suprema Corte, que parte del golpe de (Jair) Bolsonaro, que no ha sido un golpe, porque incluso el MST (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra en portugués), que está relacionado al PT, hizo una cosa similar algunos años antes. Entonces, en base a eso, algunos jueces de la Corte Suprema agarraron la bandera en complicidad con todos los medios, y se transformaron en defensores de la democracia, y con eso crearon un escudo para hacer las mayores barbaridades, y las barbaridades fueron siempre a favor de Lula.
-La Corte rehabilitó a Lula a pesar de la condena que tenía…
-La Suprema Corte lo rehabilitó para ser candidato por el miedo al bolsonarismo. Ese fue un factor clave para la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta (el 4 de octubre). El sentimiento de cambio en la elección es uno de los factores más decisivos. El cambio cuando está a favor es un hecho imparable. La campaña de Lula intentó hacer una jugada. Intentó posicionarse como un cambio a pesar de estar 20 años en el gobierno.
-No le funcionó.
-No. De alguna manera subestimaron la inteligencia de las personas.
-¿Qué puede pasar en esta segunda vuelta?
-En la segunda vuelta se gana mucho por lo que sucedió en la primera vuelta. Los candidatos perdedores, la tercera vía, que suman 8 o 9 por ciento están repartidos. Lula logró convertir el 60 por ciento de ese voto. Significa que agregó a su caudal electoral 4,5 puntos a 5 puntos.
-Ahora hay un empate rabioso en las encuestas…
-El problema es que no se puede creer tanto en las encuestas. Siempre fueron favorables a Lula en la primera vuelta. Incluso Lula tenía la ilusión de ganar la elección ya en la primera vuelta. Lo que ocurrió fue al revés. Flávio tuvo muchos más votos que las encuestas daban y ganó por casi 2 puntos de diferencia. Porque de alguna manera existe un voto avergonzante que siempre es favorable a la derecha. En otro momento ha sido a favor del PT.
-¿Cuál es la motivación?
-El alto costo de los alimentos, la plata no alcanza para llegar a fin de mes, la inflación de los servicios, el precio de la nafta, el 80% de los brasileños están endeudados y buscan cubrir sus huecos con préstamos, el servicio público es pésimo. Es el malestar general de la sociedad. Los americanos le llaman el Good Fail Factor, que es esa sensación de bienestar. Hay una sensación de malestar de la sociedad con los hechos de corrupción, con el rechazo de la Corte Suprema. La gente está contra ese escándalo vulgar que atrapa medio país, y que cada día trae nuevas revelaciones bombásticas. Son los mismos motivos que impulsan las protestas juveniles de París y de Italia. Son los que de alguna manera también van a impactar en la elección de medio término en Estados Unidos. Los fundamentos electorales en este caso, están en un 80% favorables a Flávio.
- ¿En qué medida repercute el apresamiento del padre de Bolsonaro?
-Flávio incrementó su voto en base a los votos que tuvo su padre en 2022. Lula, al revés, bajó su caudal, principalmente en el nordeste, que siempre ha sido su bolsillo cautivo. El voto avergonzante es favorable a Flávio. Y está también el dominio sobre los electorados claves, las mujeres, sectores de clase media. Una cosa muy interesante es que hay sectores de pobres que ya abandonaron a Lula. Están decepcionados por las promesas no cumplidas. Hay una mayoría silenciosa que se apartó de Lula.
-¿Cuáles son los puntos débiles de Bolsonaro?
-Es un candidato con muchos puntos débiles, con techo de vidrio. Se lo cuestiona mucho por sus relaciones con los “milicianos”, expolicías, principalmente de Río de Janeiro, que tienen sus propias bandas de delincuentes. Pero el factor de sacar del poder al PT es mucho más poderoso. Las encuestas muestran un sentimiento de victoria de 60% favorable a Flávio. Y eso impulsa el efecto bandwagon, que es votar en el caballo ganador.
-Se dice que la influencia de las redes sociales es clave para inducir al voto.
-Las redes sociales siempre han sido una fortaleza mayoritaria de la derecha del Brasil porque la derecha organizó un ecosistema muy poderoso y muy eficaz en las redes sociales. Lo que pasó es que el PT descubrió cómo dominar el algoritmo de las redes. Apostó a influenciadores digitales de la izquierda. La vuelta de la tuerca ocurrió en base a redes de WhatsApp. Un señor llamado Jean Nones, que es un tipo loco, totalmente desubicado, creó el “ejército de Lula”, una red de WhatsApp con 7 millones de personas.
-El WhatsApp es como una necesidad fisiológica.
-Sí. Tiene un efecto instantáneo. Además, apalanca otros millones de compartimentos. Entonces, 7 millones de personas, significa un alcance de casi 50 millones de personas. Es una arma muy poderosa, ¿no? Incluso porque hubo una interferencia de las redes, principalmente de Meta, que alteró el algoritmo para los seguidores orgánicos, bajando su alcance 40% a 50%. Entonces, ¿qué pasó? Quien tenía un millón de seguidores, su alcance bajó a 500.000 seguidores. Es porque el algoritmo creó un filtro que bajaba el alcance. Pero a la vez, creó una otra brecha, que era hacer tráfico pagado a un costo muy alto. Es mucho dinero que las dos fuerzas pagan. Otro hecho es una denuncia de una posible interferencia del presidente Trump a través de Meta, disfrazada de la alteración del algoritmo favorable al Bolsonaro. Es una denuncia grave de la izquierda. Y Meta ya abrió el paraguas. Dijo que hubo problemas. Ese va a ser un tema para la discusión después de las elecciones. Otro hecho ahora es la campaña de miedo en la segunda vuelta. El PT siempre supo hacerlo muy bien. Y las campañas de miedo bien hechas funcionan en sectores del electorado. El PT apuesta a bajar electores light de Bolsonaro a través de la campaña de miedo. Y además, quiere inmovilizar a sus electores cautivos, que son los empleados públicos. Entonces la campaña está corriendo fuerte en las redes con mucha desinformación. Y lo interesante es que están pasando de los filtros de Google, de Meta, de Instagram, de Facebook.
-¿Cuánto influye el debate?
-En mi experiencia, el debate no cambia la elección. Porque es muy difícil que haya un ganador por nocaut. Básicamente los debates dan un empate. Lo que importa es el día siguiente en la guerra de relatos, las versiones que nosotros llamamos los cortes, que es agarrar los momentos favorables de un candidato y explotar los momentos desfavorables del otro candidato. Y ahí entra mucho a tallar la capacidad de envíos, de mensajes de engaño. Hay un fenómeno electoral en Brasil llamado Nicolás Ferreira.
-¿Quién es?
-Es un muchacho de 20 y pocos años, un tipo que seguramente puede llegar a Presidente en el futuro. El tipo tiene un dominio impresionante de las redes. Tiene como 50 millones de seguidores. Es un tipo que tiene un sentido estratégico muy preciso. Tiene mucha puntería en términos de redes sociales. Creó un video hablando del nordeste, del elector del nordeste que quedó desalentado y que cambió de voto. Tuvo como 140 millones de views, una cosa impresionante. Entonces, acá otra cosa llamativa es el impacto de los influencers políticos en esta elección. La derecha, Bolsonaro, tiene a los mejores.
-¿Cómo puede ocurrir un viraje hacia Lula?
-La brecha es muy estrecha. Lula debe recuperar su voto que se fugó a abstención, a blanco, a nulo, o se fue a Bolsonaro, recuperar el voto del nordeste principalmente. El otro tema de discusión acá es la abstención. El padrón es de 20-21%, que corresponde a básicamente a 30 millones de personas que no votaron en la primera vuelta.
-¿Quiénes son?
-Básicamente son sectores pobres del nordeste, arriba de 70 años, mujeres, personas con dificultades de ir a votar. Porque acá no es lo que ocurre en Argentina, en México y Paraguay donde hay partidos tradicionales con estructuras establecidas hace muchos años, esa movida de ir casa por casa, buscar al elector para llevar al local de votación. Eso no existe en Brasil. Entonces se intenta mover a ese elector por redes sociales, pero la dificultad es que ese elector tal vez no tenga ni celular y no le llega el mensaje. Toda la esperanza de Lula está en convertir la abstención 1, 2, 3 puntos a su favor, y esa es una elección que va a ser decidida así, por pocos puntos, pero creo que el conjunto de los fundamentos son favorables a Bolsonaro para ganar por una diferencia de 2 puntos hasta 4 puntos.
-¿Cuál de ellos le conviene al Paraguay?
-Bolsonaro. Refuerza la ola de derecha que se impone en América Latina.
-¿Cómo ve el futuro político en Paraguay con miras al 2028?
-En Paraguay hay todavía un vacío para un candidato que se posicione con valores de derecha y, a la vez, para un candidato disruptivo a la Milei…