Es la conclusión a la que llegan varios analistas en base a datos de estudios y encuestas. Es el caso del director del Observatorio de la Opinión de la Fundación Jean-Jaurès, Antoine Bristiel, quien señaló este martes que cuando los franceses sienten miedo e indignación por cuestiones sociales, el apoyo electoral a Jean-Luc Mélenchon aumenta nueve puntos porcentuales y el de Marine Le Pen, diez.
"Cuando el miedo y la ira se mezclan, aumenta considerablemente la demanda de una transformación profunda de la sociedad", continuó Bristiel en una entrevista a la radio RTL, en la que describió una creciente polarización "afectiva" en Francia, caracterizada por la hostilidad hacia los grupos que mantienen opiniones diferentes.
Según Bristiel, el 66 % de los franceses identificaba la preocupación o la angustia como su principal emoción en septiembre pasado, 25 puntos porcentuales más que cinco años antes. Además, el 80 % deseaba una transformación profunda o radical de la sociedad, frente al 59 % en 2023.
Este malestar y deseo de cambio profundo trasciende las movilizaciones estudiantiles y refleja la preocupación por el futuro, las dificultades de integración social de los jóvenes y la incertidumbre política en general.
Para Bristiel, uno de los aspectos más preocupantes en este panorama es que las elecciones ya no parecen capaces de aliviar las tensiones sociales como en el pasado. Francia elige dentro de seis meses a quien pondrá al frente de la jefatura del Estado, y Le Pen y Mélenchon aparecen, por ese orden, en las encuestas como favoritos.
El analista pidió, por ello, a los representantes políticos de todas las tendencias que tengan en cuenta la diversidad de opiniones del país y eviten actuar como si un único bloque pudiera representar a toda la sociedad.
El diagnóstico coincide parcialmente con el de Jérôme Fourquet, director del área de opinión del instituto de sondeos Ifop, y Ruben Rabinovitch, psicólogo y psicoanalista, quienes relacionan los disturbios y saqueos registrados durante las protestas del 17 de octubre con cambios más amplios en los comportamientos sociales y la relación con la autoridad.
En una entrevista publicada en el diario Le Figaro, ambos sostienen que determinados episodios de violencia ya no pueden interpretarse únicamente como una reacción a un acontecimiento concreto, sino también como una expresión de frustración y de una menor aceptación de las normas.
"La calle se convierte así en un gigantesco espacio de desfogue pulsional, donde la rabia se expresa de manera festiva y lúdica", afirmó Fourquet al describir el comportamiento de algunos participantes en los disturbios grabándose para las redes.
Los dos autores, que acaban de publicar su libro conjunto 'Homo occidentalis' (Éditions du Seuil), consideran que la exposición constante a productos y estilos de vida en las redes sociales puede intensificar la frustración de quienes no pueden acceder a ellos.
Fourquet sostiene que, entre los jóvenes, la renuncia obligada a esos productos genera principalmente frustración, mientras que entre las generaciones mayores predomina la resignación.
Ambos advierten, además, de una creciente desinhibición de la violencia y de una pérdida de legitimidad de las figuras tradicionales de autoridad, desde la policía hasta los profesores y los jueces.
Su interpretación apunta a una combinación de factores culturales y sociales, ya que para ellos la frustración económica no explica por sí sola los disturbios de conmocionaron a Francia y sorprendieron al mundo.