"Negamos categóricamente las acusaciones de que Catar haya interferido en las elecciones israelíes o haya financiado actividades destinadas a influir en su resultado", afirmó el portavoz del Ministerio de Exteriores catarí, Majed al Ansari, en un mensaje publicado en su cuenta de X.
Al Ansari acusó a determinados políticos israelíes y a sus contactos en los medios de comunicación, sin mencionar ningún nombre, de impulsar una campaña de desinformación para involucrar a Catar en las disputas políticas internas de Israel tras los comicios.
"Acusan a Catar de sobornar a Benjamín Netanyahu, a la izquierda política israelí y ahora, en esta última campaña, al voto árabe. Si hubiera que creer estas afirmaciones, al parecer Catar sería dueña de todo Israel", agregó.
El portavoz calificó las acusaciones de "ridículas y peligrosas" y sostuvo que la reiterada mención de Catar en la retórica electoral israelí refleja una "obsesión excesiva" de ciertas figuras políticas y mediáticas con su país.
"Catar no debería utilizarse como chivo expiatorio de los fracasos políticos de ciertos políticos israelíes", señaló, al tiempo que instó a esos dirigentes a centrarse en sus votantes y mejorar las condiciones de vida de la población.
Las declaraciones se producen después de que el presidente de la Comisión Electoral Central (CEC) israelí, el juez Noam Solberg, solicitara al jefe del Shin Bet, David Zini, investigar las denuncias recibidas sobre una posible injerencia extranjera en las elecciones del pasado martes.
El diario israelí Haaretz informó de que las denuncias incluían sospechas sobre fondos procedentes de Catar destinados a aumentar la participación electoral de las comunidades árabes de Israel.
El partido Likud, liderado por el primer ministro Benjamín Netanyahu, aseguró haber presentado "cientos de testimonios y pruebas" ante los servicios de seguridad y la CEC sobre supuestas irregularidades, entre ellas la presunta presencia de dinero en efectivo junto a papeletas del partido árabe Raam.
La policía israelí rechazó las acusaciones del Likud de que los partidos árabes intentaban "robar las elecciones" y afirmó que no había pruebas que las respaldaran.
Al Ansari reiteró que Catar no está implicado en la contienda electoral israelí y aseguró que las acusaciones no desviarán a su país de sus esfuerzos diplomáticos y humanitarios, su apoyo al pueblo palestino, ni su papel como mediador.
"No nos quedaremos callados mientras se utilice el nombre de Catar para servir a agendas electorales o a intereses políticos estrechos", concluyó.
Por su parte, el presidente de Raam, Mansur Abás, negó que su partido estuviera relacionado con las presuntas irregularidades y anunció que colaborará con las autoridades para esclarecer los hechos.