Iban en convoy y pretendían retornar a Tal Abiad, una zona que Turquía y sus milicias aliadas arrebataron a los kurdosirios durante una operación transfronteriza en 2019. Cuatro años antes, la alianza armada liderada por kurdos Fuerzas de Siria Democrática (FSD) la habían tomado como parte de una campaña contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI).
"Vinimos con esperanza y con nuestro derecho a retornar, pero fuimos atacados en lugar de protegidos", lamentó Moona a EFE por vía telefónica.
El pasado lunes, el convoy del que formaba parte Moona fue atacado por una gran cantidad de residentes, que quemaron y volcaron sus vehículos para posteriormente cercarles en el interior de un edificio gubernamental durante alrededor de nueve horas hasta que fueron rescatados por las fuerzas de seguridad.
Vídeos del suceso difundidos por medios y organizaciones locales muestran el nivel de la violencia y destrucción causada por la turba.
"Si es así como somos recibidos cuando volvemos a nuestra tierra, ¿cómo pueden confiar las familias en que pueden regresar?", denunció Moona.
En Tal Abiad y la vecina Ras al Ain, más de 150.000 personas permanecen todavía desplazadas, mientras que en la primera de ellas solo quedan un puñado de familias kurdas frente al 30 % de la población total que solían conformar, según un informe reciente de la ONG por los derechos humanos Hevdesti.
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos, una organización que siguió el conflicto desde su inicio en 2011 a través de una red de fuentes locales, aseguró que las víctimas del ataque del lunes portaban documentos para demostrar que eran los dueños legítimos de viviendas y terrenos en Tal Abiad.
De acuerdo con su relato, las fuerzas de seguridad intervinieron poco para contener la situación hasta que una patrulla compuesta por decenas de vehículos llegó desde Al Raqa para sacar a unas cien familias kurdas atrapadas en el inmueble perteneciente a la Administración local, sin registrarse víctimas.
El Observatorio situó en una veintena el número de coches dañados o quemados durante el asalto, aunque otro afectado llamado Heso afirmó a EFE que él pudo contabilizar más bien entre 50 y 80.
Por vía telefónica desde el noreste de Siria, una tercera víctima de los ataques de Tal Abiad confirmó a EFE que nadie resultó herido y apuntó que un responsable del distrito les prometió compensaciones por las pérdidas materiales sufridas.
"Pero después de lo que pasó, muchas familias tienen miedo a volver", agregó el desplazado, que prefirió mantener el anonimato.
Los temores de la comunidad kurda, la mayor minoría del país, se extienden más allá del incidente de Tal Abiad, que en agosto ya estuvo precedido de otro ataque contra un convoy de desplazados con destino a Ras al Ain y que fue objetivo de disparos, retenciones y agresiones.
En las últimas semanas, el noreste de Siria también fue escenario de protestas progubernamentales que pedían afianzar el control de las fuerzas de seguridad estatales en la región y, desde el lado opuesto, de movimientos en defensa de la lengua y la cultura kurdas para proteger su existencia.
Todo ello se enmarca en el acuerdo alcanzado a comienzos de año por Damasco y las FSD para la reintegración de la región nororiental en el espectro estatal sirio, ya que hasta entonces estaba gobernada por una autoproclamada administración autónoma liderada por kurdos.
Al amparo del pacto, que llegó tras una ofensiva gubernamental contra zonas de los kurdosirios, las FSD se disolvieron este verano y pasaron a engrosar las filas de las tropas estatales, sembrando desencanto en parte de la minoría.
"Pensé que por fin habíamos construido algo que podía durar, un lugar en el que poder hablar nuestro idioma, gobernarnos a nosotros mismos y criar a nuestros hijos sin miedo (...) Ahora, con la disolución, siento que esa base se están desmontando", dijo a EFE Haji Saleh, de 65 años.
El acuerdo del pasado enero reconoce los derechos culturales de los kurdos y también el derecho a un retorno digno de los desplazados. Por ello, este martes, miembros de la comunidad se concentraron en cuatro localidades distintas para cargar contra lo ocurrido en Tal Abiad y pedir un regreso seguro para todos.
"No estoy en contra de la paz, pero temo que la paz vaya a venir a expensas de nuestros derechos, nuestra identidad y todo lo que mi gente luchó para proteger", concluyó Haji.