Los demócratas llevan meses divididos sobre la oportunidad de impulsar el que sería el tercer 'impeachment' contra Trump, tras los dos a los que fue sometido en su primer mandato (2017-2021).
Aunque la mayoría en la Cámara de Representantes les permitirá aprobar una acusación formal cuando el nuevo Congreso tome posesión en enero, es improbable que el Senado condene y destituya a Trump, dado que se necesitarían los votos de dos tercios de los senadores presentes —67 si participan los 100—, lo que exigiría apoyos republicanos.
Al temor a repetir un proceso que termine en otra absolución para Trump (ya lo logró en 2020 al ser juzgado por sus presiones sobre Ucrania para obtener ayuda contra Joe Biden y en 2021 tras ser acusado de incitar el asalto al Capitolio) se suma el desgaste político que podría suponer para los demócratas.
"Los demócratas no pueden centrarse solo en el 'impeachment', no pueden hacer un circo político, hay que hacer políticas concretas, dar soluciones a los ciudadanos", explica a EFE Alejandra Castillo, exsecretaria adjunta de Comercio para el Desarrollo Económico de Estados Unidos durante la presidencia de Joe Biden.
Aunque Castillo considera fundamental "llevar al Congreso a la Administración Trump para que dé explicaciones", cree que los demócratas no se pueden distraer de los asuntos que preocupan a los ciudadanos, como la economía y la inmigración.
En ese mismo sentido se pronunció el líder de los demócratas en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, que apunta a convertirse en el primer presidente afroamericano de la institución: "El pueblo estadounidense no quiere que nos dediquemos a ajustar cuentas. Quiere que trabajemos para resolver sus problemas, porque la vida es demasiado cara".
Jeffries, que en 2020 fue uno de los encargados de presentar la acusación en el primer juicio político contra Trump, mantiene la cautela sobre esa posibilidad.
Sin embargo, otros demócratas, como Alexandria Ocasio-Cortez, del ala más progresista del partido, sí han defendido en distintas ocasiones la necesidad de un juicio político a Trump como muestra de responsabilidad constitucional ante lo que consideran excesos del presidente.
Las dudas sobre los negocios familiares de Trump, el empleo de la fuerza militar en Irán sin permiso del Congreso y el abuso de poder de los agentes migratorios son los principales asuntos que investigan los demócratas y que permitirían plantear el juicio político.
"Entre el objetivo de bajar los precios y asegurarse de que la Administración rinda cuentas por abusos como las redadas del ICE y los acuerdos y contratos ventajosos para allegados, los demócratas tendrán mucho trabajo por delante", afirma a EFE la vicepresidenta sénior de Asuntos Gubernamentales del Center for American Progress, Laura Rodríguez.
El propio Trump entró también en las quinielas sobre el juicio político y declaró este miércoles que no creía que los demócratas lo impulsaran porque eso "destruiría" la popularidad del partido.
"¿Por qué un juicio político sin motivo? ¿Por qué? ¿Por tener un país exitoso? Nuestro país tiene ahora más éxito que en cualquier otro momento de su historia", declaró a la prensa en la Casa Blanca.
En cambio, parece que en las filas demócratas, y entre algunos republicanos, existe un mayor consenso sobre abrir un juicio político al secretario de Defensa, Pete Hegseth, aunque Trump salió este miércoles en su defensa y descartó cesarlo: "Está haciendo un muy buen trabajo".
Al margen de si finalmente se presenta o no el 'impeachment', la presión de los demócratas sobre el presidente y las políticas que ha llevado a cabo en la primera parte de su mandato será una realidad cotidiana en el Capitolio.
La mayoría demócrata permitirá a la Cámara de Representantes iniciar investigaciones contra la Administración y someter a examen a altos funcionarios, mientras que en el Senado dará a los demócratas el control sobre la confirmación de miembros del gabinete, embajadores y jueces federales, incluidos los del Tribunal Supremo.
En este escenario, el pulso con la Casa Blanca está asegurado, ya que el presidente tiene poder de veto sobre los proyectos de ley que salgan del Capitolio. Y Trump ya avisó la misma noche electoral: "Vetaré todo".