10 errores comunes al realizar masajes a perros y cómo evitarlos

Un masaje puede relajar a tu perro o disparar dolor y estrés si se hace mal.Shutterstock

Un masaje puede relajar a tu perro o disparar dolor y estrés si se hace mal. La clave no es “apretar fuerte”, sino leer su cuerpo, elegir zonas seguras y saber cuándo parar.

Un masaje canino seguro es breve (3 a 10 minutos), con presión suave a moderada, principalmente sobre músculos grandes (cuello lateral, hombros, lomo muscular, muslos), evitando huesos, articulaciones y columna.

Un masaje canino seguro es breve (3 a 10 minutos), con presión suave a moderada.

Debe detenerse ante señales de dolor o incomodidad. La evidencia en perros sugiere que el contacto calmado y repetible puede reducir indicadores de estrés (conducta, frecuencia cardíaca y/o cortisol), pero no reemplaza diagnóstico veterinario.

Diez errores frecuentes y cómo evitarlos

1) Confundir masaje con “amasar” fuerte. En perros, el exceso de presión puede activar reflejos de defensa. Empezá con caricias largas y aumentá apenas si el perro lo pide (se acerca, se recuesta, suspira).

Confundir masaje con “amasar” fuerte puede hacer daño a tu mascota.

2) Ir directo a la zona “donde duele”. El dolor puede tener origen distinto (cadera vs. espalda). Trabajá alrededor, no encima del punto doloroso.

3) Presionar la columna o “acomodar” vértebras. Manipulaciones caseras aumentan riesgo en discos intervertebrales. La columna no se “endereza” con masaje.

4) Masajear articulaciones como si fueran músculos. Rodillas, codos y tobillos tienen estructuras sensibles. Concentrate en los músculos que las rodean.

Un masaje puede relajar a tu perro o disparar dolor y estrés si se hace mal.

5) Ignorar el lenguaje corporal. Lamerse el hocico, bostezar “en seco”, rigidizarse, girar la cabeza o mostrar el blanco del ojo suelen ser señales de estrés, no de disfrute.

6) Usar aceites o cremas inadecuadas. Muchos productos son irritantes o tóxicos si los lamen. Si necesitás lubricación, consultá al veterinario.

7) Hacerlo después de ejercicio intenso o con calor. Enfatiza inflamación y fatiga. Mejor en reposo y con el perro hidratado.

8) Alargar la sesión “porque se queda quieto”. Quietud no siempre es placer: puede ser congelamiento por incomodidad. Corto y frecuente suele ser mejor.

Un masaje puede relajar a tu perro o disparar dolor y estrés si se hace mal.

9) Masajear a un cachorro como a un adulto. Su sistema musculoesquelético está en desarrollo. Usá contacto suave, de socialización y tolerancia.

10) Tratar un problema médico con masaje. Cojeras, dolor al levantarse, pérdida de masa muscular o cambios bruscos de humor requieren evaluación: el masaje puede tapar síntomas.

Señales claras para frenar en el momento

Pará si hay quejido, aparta la pata, se tensa, intenta irse, jadea sin calor, tiembla o se “endurece”.

Un buen indicador de que va bien: cuerpo blando, respiración lenta, busca contacto y vuelve por más.

Cuándo no masajear y a quién pedir ayuda

Evitá masajes ante fiebre, heridas, vómitos/diarrea, dolor agudo, inflamación reciente, posoperatorios sin alta, o si tu perro tiene diagnóstico de columna sin indicación profesional.

Para planes específicos, lo más útil es un veterinario y, si corresponde, un especialista en rehabilitación/fisioterapia veterinaria, que ajusta técnica, presión y objetivos según edad, raza y patología.

Lo
más leído
del día