¿Virtual o presencial?
“Hace días que mi hija prepara su uniforme, justo cuando le tocaba a su burbuja (ir al colegio) se suspendieron las clases”.
“Mi hija se levantaba a las 10:00. Desde que iniciaron las clases virtuales, ha tenido que levantarse a las 6:00 y se conecta desde las 7:00. Tienen dos clases por la mañana, almuerza, y continúa con una clase por la tarde”.
Son algunos relatos de experiencias de los padres con respecto al inicio de clases, dice la Lic. Blanca Villalba de Centurión, psicóloga infantojuvenil, especialista en Neuropsicología.
La ansiedad
La expectativa por volver a clases, la incertidumbre que gira en torno a ello, la necesidad de nuestros niños de retomar las clases presenciales, de salir de casa y encontrarse con sus pares, la opción de las clases virtuales; todos estos factores pueden generar mucha ansiedad en ellos y también en los padres, ya que la decisión de que tomen las clases virtuales o presenciales, recae sobre ellos. Pero… ¿qué elijo? Aquí brindamos informaciones que se deben conocer sobre cada modalidad, según la especialista.
Clases presenciales
Las clases presenciales son de gran importancia para la formación de las habilidades cognitivas, físicas y sociales de los niños. Al asistir a clases, el niño no sólo recibe instrucción o contenido académico. Tiene la posibilidad de crear oportunidades, tomar decisiones, socializar y resolver problemas. Cuando las clases se desarrollan en la escuela, se involucran las emociones, las actividades son compartidas y dinámicas, las relaciones sociales se ven involucradas lo que favorece el aprendizaje significativo.
Las escuelas fomentan la autonomía, la conducta adaptativa del niño acorde a su nivel de desarrollo, y les otorga oportunidades y posibilidades para un desarrollo individual fuera del núcleo familiar. Entonces, las clases presenciales no sólo cumplen con los objetivos académicos, sino que también promueven la salud, bienestar emocional y social del niño.
Otro aspecto beneficioso de las clases presenciales es el aprendizaje práctico. Lo que la maestra me enseña, lo pongo en práctica.
¿Y cómo repercute en la ansiedad?
Al asistir a clases, el niño está en movimiento, sale al patio de la escuela, corre, salta, se alegra y se enoja; y aunque separados, comparte, está teniendo intercambio de estímulos, hay emociones en conjunto con actividad física. Todo esto se contrapone a la ansiedad y la disminuyen.
Emociones vs. Distanciamiento
Aunque las emociones y la socialización son muy positivas para el aprendizaje, no debemos olvidar que es fundamental asegurar la salud y el bienestar físico de los niños, por eso es importante cumplir a cabalidad con las normas sanitarias y a esto está relacionado el distanciamiento social.
Efectos de la educación online
Algo que debemos tener en cuenta es, sin duda, que las clases virtuales no han afectado de igual manera a todos los niños. Hay muchos factores que debemos considerar, entre ellos el nivel sociocultural de la familia, el entorno físico, las dificultades de aprendizaje o trastornos del desarrollo influyen en la magnitud de los efectos que la educación online puede tener, y esos efectos no sólo recaen en los niños sino también en los padres.
La atención
Como no existe una interacción cara a cara con el maestro ni con el resto del alumnado, es más difícil involucrar las emociones y mantener la motivación. Otros factores que también pueden incidir son los relacionados a la tecnología, como el sonido o el vídeo; también puede ocurrir que controlar los turnos en el uso de la palabra se convierta en una misión imposible… y lo peor, la atención hacia la materia se vuelve frágil y limitada. Es más, de acuerdo con investigadores del Centro de Tecnología en Educación de la Escuela de Educación de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos, un niño puede requerir un descanso breve después de llevar a cabo una tarea de 5 a 25 minutos; y al estar desarrollando una clase virtual eso puede significar un verdadero desafío.
Las tareas
La presión por la sobrecarga de tareas y trabajos escolares ha aumentado, así como la frustración por no cumplir con los plazos de entrega o con los objetivos marcados. Y como hemos mencionado, todas estas situaciones empeoran cuando las familias no cuentan con los medios tecnológicos necesarios como un celular e internet.
La decisión
Lo aconsejable es la opinión del pediatra y analizarlo en familia. Pero en el caso de los niños que no son pacientes con riesgo, es importante examinar los costos y beneficios siempre y cuando la institución esté preparada y cuente con todas las medidas sanitarias y todos los profesionales capacitados. Analicemos teniendo en cuenta la salud emocional tanto del niño como de los padres y el aprendizaje significativo. Pero cualquiera sea la decisión, es deber de los padres y los docentes dar una adecuada información y proteger a la población infantil “del estrés de noticias alarmistas” implementando conductas higiénicas, vigilando el uso de las mascarillas, asegurar la correcta ventilación y limpieza de las aulas y controlar la distancia física entre los alumnos, todo ello evitando actitudes fóbicas y obsesivas entre los pequeños.