Inolvidable Juan Pablo II

El entonces arzobispo Ismael Rolón daba la bienvenida al Papa Juan Pablo II en Ñu Guasú.

Hace 38 años, el papa Juan Pablo II desarrollaba una intensa visita pastoral en nuestro país, luego de varios incidentes diplomáticos con la dictadura que incluso ponían en riesgo su presencia, como aquella propuesta de suspender el encuentro con los Constructores de la Sociedad. Ante Stroessner dijo: “No se puede arrinconar a la Iglesia en sus templos, como no se puede arrinconar a Dios en la conciencia de los hombres”. Era el contundente apoyo a la labor pastoral de los obispos del Paraguay, encabezado por el recordado Ismael Rolón. Luego de estar en Asunción, Caacupé, Villarrica, Encarnación y Chaco, un día como hoy, se despedía de los jóvenes en Ñu Guasú, con un emotivo discurso.

“Jóvenes del Paraguay, con las mismas palabras de Cristo, yo os digo: amad al Señor con todo vuestro corazón, con toda vuestra alma y con toda vuestra mente. No vean nunca los mandamientos como algo negativo, como preceptos que limitan la libertad o como avisos de castigo. Los mandamientos se entienden, se convierten en fuerza liberadora, cuando uno procura entender y cumplir el gran mandamiento del amor a Dios sobre todas las cosas”, decía el pontífice ante miles de jóvenes.

El papa Juan Pablo II estuvo tres días entre nosotros. La foto corresponde a su visita a Villarrica.

Juan Pablo II resaltó el valor y la valentía de los paraguayos, al tiempo de exhortar a no rehuir de la santidad. “Vuestro país y el mundo entero siguen necesitando santos: personas de todas las edades, pero especialmente jóvenes, dispuestos a amar a Dios con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas”, indicó.

Invitó a los jóvenes a luchar y perseverar por los valores e indicó: “no busquen la felicidad en el placer, en la posesión de bienes materiales, en el afán de dominio. Se es feliz por lo que se es, no por lo que se tiene: la felicidad está en el corazón, está en amar, está en darse por el bien de los demás sin esperar nada a cambio”.

En Ñu Guasú estuvo para canonizar al primer santo paraguayo San Roque González de Santa Cruz.

Construir el futuro

Propuso a Cristo para enfrentar la vida, destacando que el camino para entrar en la vida nueva que Cristo presenta, exigirá construir un futuro con la conciencia de que la formación, profesional o laboral –el estudio–, así como el trabajo, son medios de santificación, de realización personal e instrumentos de servicio a los demás. “Aliento por ello a todos ustedes, jóvenes trabajadores, estudiantes universitarios, a un renovado empeño en vuestra formación laboral, en vuestros estudios. En modo particular invito a los alumnos y profesores de la Universidad Católica del Paraguay a incrementar su voluntad de servicio y su preparación doctrinal, profesional y científica en fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia, bajo la guía de los obispos. No es el provecho material o el afán de poseer lo que han de motivarlos en su estudio o en su trabajo”, resaltó.

Dijo en otro momento que el camino hacia la vida exigirá también ser conscientes en todo momento de que se debe evitar el lucro fácil por medios que sean contrarios a la ley de Dios, pues cualquier ventaja obtenida de ese modo es ciertamente injusta y supone un perjuicio para el prójimo.

Propuso a la multitud asumir como un imperioso deber la defensa de la moralidad pública, viviéndola, en primer lugar los jóvenes, con el pudor, la sobriedad y la templanza de vida. Asimismo alentó a la práctica constante de la solidaridad con los demás, que llevará a participar en tantas iniciativas en favor de los hermanos, empeñando lo mejor de la inteligencia y de las iniciativas.

Un mar de fieles participó aquel 16 de mayo de 1988 de su primera misa en Paraguay.

Juan Pablo II invitó a tomar el ejemplo del reciente canonizado San Roque González de Santa Cruz, el santo paraguayo, misionero animoso y incansable evangelizador. “El supo conjugar una extensa e intensa predicación del mensaje de Cristo con el inicio de aquella gran obra de civilización y progreso, las reducciones guaraníes, a cuya creación y desarrollo contribuyó decisivamente”, resaltó.

No huir de los compromisos

Nuevamente invitó a los muchachos y muchachas del Paraguay a no tener miedo a empeñar la vida por los demás. “No os acobardéis ante los problemas! ¡No queráis huir de vuestro compromiso transigiendo con la mediocridad o el conformismo! Es la hora de asumir responsabilidades, de comprometerse, de no retroceder", destacó.

En ese año, la Iglesia en Paraguay llevaba adelante el Año Eucarístico, con el lema: “Cristo Eucaristía para un nuevo Paraguay”. Al respecto, pidió a los presentes una nueva sociedad edificada sobre la ley del amor, porque Cristo se ha quedado en la Eucaristía por amor. “A una sociedad así no se puede llegar por el recurso de la violencia, porque es la antítesis del amor. La violencia nunca es solución. Aunque, a veces, pueda parecer una senda fácil y rápida, nunca es el camino para entrar en la vida”, recordó.

En otro momento de su alocución, exhortó a los jóvenes paraguayos que no dejen que destruyan su futuro, no dejen que les arrebate la riqueza del amor.

“Queridos amigos del Paraguay, esta es vuestra hora. Cristo os llama y os dice: ¡Sígueme! Este seguirle es vivir sus mandamientos, guardar con fidelidad su Palabra, para que se forje en vuestro corazón un verdadero amor, para que vuestra vida sea una vida llena", dijo finalmente.

“Sto lat, sto lat.....”

El acto culminaba con el discurso final del Pontífice, pero faltaba algo para despedirlo. Si el Papá se esforzó en hablar en guaraní, porque el paraguayo no podía cantar, pero en polaco. Se ensayó en las convivencias juveniles, hasta que se dio el momento y retumbó en Ñu Guasu la canción de cumpleaños en su idioma, que sonaba ... "Sto lat, sto lat, Niech żyje, żyje nam.....”. Así culminaba la visita pastoral de tres días de Juan Pablo II al Paraguay.

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