El denominado Complejo Municipal, Deportivo y Cultural de San Pedro de Ycuamandyyú, impulsado por la administración municipal, hoy permanece cubierto de malezas, con obras mínimas y sin señales reales de avance.
El actual intendente de San Pedro de Ycuamandyyú, Carlos Quiñónez, asumió el cargo tras la salida de su correligionario Gustavo Rodríguez, quien renunció antes de enfrentar una destitución.
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En aquel momento, Quiñónez describió una comuna devastada y prometió recuperar la ciudad y “hacer historia” con proyectos de gran impacto social y urbanístico.
Uno de esos proyectos fue el anunciado Complejo Social, Deportivo y Cultural, presentado como una obra destinada a revolucionar el esparcimiento y el deporte en la capital sampedrana, hoy pasa de un “proyecto histórico” al abandono.
Con el paso del tiempo, la propuesta queda reducida a un terreno abandonado y sin perspectivas claras de concreción.
Millonaria inversión y escasos resultados
Para el proyecto, la Municipalidad concretó un compromiso de compra de un inmueble ubicado a aproximadamente un kilómetro del casco urbano, camino al sitio turístico Puerto Jejuí.
Según confirmó el propio intendente, el terreno tenía un costo de G. 600 millones. Inicialmente se abonaron G. 100 millones y posteriormente debían pagarse cuotas mensuales de G. 100 millones hasta completar el monto total.
No obstante, la comuna no volvió a pagar una sola cuota y actualmente el inmueble ni siquiera ha sido transferido oficialmente al municipio.
El jefe comunal argumentó que los retrasos obedecen a problemas administrativos y documentales, aunque sostiene que todavía existe la posibilidad de concretar el proyecto.
Malezas, charcos y promesas
En el predio apenas se realizaron algunos trabajos preliminares: limpieza parcial del terreno, perforación de un pozo artesiano, instalación de un tanque elevado y colocación parcial de vallado perimetral.
También fueron instalados carteles anunciando el futuro complejo, aunque incluso varios de ellos terminaron derribados por el viento.
Actualmente, el lugar luce abandonado, cubierto de yuyales y charcos de agua, muy lejos del megaproyecto anunciado por las autoridades municipales.
Pagos millonarios bajo cuestionamientos
Documentaciones disponibles en portales oficiales reflejan pagos importantes vinculados al proyecto.
La empresa Construcciones Gael cobró en marzo de 2025 unos G. 300 millones por trabajos de preparación de terreno y construcción de caminos internos. Posteriormente, en abril del mismo año, volvió a percibir otros G. 263 millones por tareas similares, incluyendo supuestas ciclovías.
Las obras fueron certificadas por el arquitecto y fiscal de obras Christian D. Ibarrola, según consta en los documentos.
Sin embargo, la realidad observada actualmente en el predio genera fuertes cuestionamientos ciudadanos sobre el verdadero alcance de los trabajos ejecutados.
“Todo está aprobado”, sostiene el intendente
Consultado sobre las críticas, el intendente Carlos Quiñónez afirmó que todos los gastos realizados fueron incluidos en balances municipales y aprobados por la Junta Municipal.
“Todo lo que se ha gastado está en el balance y ya fue aprobado por la Junta Municipal. Todo está aprobado, el resto es historia”, expresó.
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Una ciudad entre promesas y crisis
Mientras el proyecto permanece prácticamente paralizado, San Pedro de Ycuamandyyú continúa enfrentando múltiples problemas urbanos: calles y avenidas deterioradas, cuestionamientos a obras públicas, dificultades en el manejo de residuos y retrasos en pagos a funcionarios.
Paralelamente, el exintendente Gustavo Rodríguez afronta juicio junto a otros acusados por presunta lesión de confianza, en un proceso donde el Ministerio Público sostiene que se produjo un perjuicio patrimonial superior a G. 1.900 millones.
De la utopía al desencanto
Lo que alguna vez fue presentado como una obra emblemática para transformar la capital departamental hoy es visto por muchos ciudadanos como otra promesa inconclusa.
El anunciado complejo deportivo y cultural pasó de ser una “utopía” que invitaba a soñar, a convertirse en un nuevo símbolo del desencanto y la desconfianza ciudadana hacia la administración municipal.