En el complejo ecosistema empresarial local, donde las pequeñas y medianas empresas representan el 98% del tejido motor y generan cerca del 70% del empleo formal, el éxito suele medirse por la facturación y ventas, dejando de lado aspectos claves de la gobernanza empresarial: desempeño y talento humano, KPIs, tecnología, innovación, procesos.
Pero, ¿es el volumen de ventas un indicador real de la salud de la empresa a largo plazo? Es la pregunta que plantea al tejido empresarial paraguayo Karen Coronel, directora ejecutiva de GROW Solutions. “La respuesta es negativa si no existe detrás una transformación profunda”.
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El espejismo del volumen
“Las empresas suelen medir su éxito por aumentos en ventas o nuevos clientes”, explica Coronel. “Pero el crecimiento numérico, por sí solo, no garantiza sostenibilidad ni capacidad de replicar resultados sin incrementar proporcionalmente el esfuerzo y el desgaste”. Según la experta, el reto para muchas firmas es que el crecimiento se vive como un objetivo en sí mismo, no como parte de una estrategia mayor.
Este enfoque tiene consecuencias profundas que Karen Coronel identifica:
- Líderes agotados: Operan más horas y pierden el foco estratégico.
- Decisiones reactivas: Se toman bajo presión en lugar de con datos y previsión.
- Equipos sobrecargados: En lugar de contar con autonomía y responsabilidad.
- Involución operativa: Empresas que aumentan ingresos, pero pierden rentabilidad.
“Crecer sin escalar es como construir un piso más sin reforzar los cimientos: por un tiempo puede sostenerse, hasta que no”.
La arquitectura de la expansión
Pero, ¿qué implica realmente escalar en este contexto? Para Coronel, escalar es otra cosa, implica diseñar sistemas que permitan duplicar resultados sin duplicar problemas operativos. Para lograrlo, la experta señala que se requieren procesos robustos y replicables, además de tecnología integrada al modelo de negocio, no superpuesta como un parche.
La profesionalización surge como la pieza clave. Citando estudios de la Corporación Financiera Internacional (IFC) y el Banco Mundial, Coronel vincula la productividad directamente a la formalización de procesos y la calidad del liderazgo.
“Profesionalizar significa pasar de la intuición al sistema, del esfuerzo individual al modelo replicable y del control centralizado a la gobernanza estratégica”.
La IA potencia o trae caos
¿En la era de la inteligencia artificial en la que se desarrollan actualmente las empresas, es posible que se pueda acelerar o amplificar el caos? Coronel lanza una advertencia sobre el uso de la inteligencia artificial: “La cuestión incómoda es que la tecnología no corrige el desorden estructural, sino que lo amplifica”. Por ejemplo:
Procesos deficientes: Si no están optimizados, la automatización solo digitaliza la ineficiencia.
Métricas ausentes: Sin estrategia, la IA procesará datos irrelevantes que llevan a decisiones equivocadas.
Fricción interna: Sin claridad de roles, las herramientas colaborativas dañan la productividad.
“La IA es un acelerador formidable que puede reducir costos y liberar talento, pero solo funciona cuando existe una arquitectura organizacional preparada para maximizar su aprovechamiento”, afirma Coronel.
Cuatro decisiones para la próxima década
Para la CEO de Grow Solutions, Paraguay tiene hoy una ventana histórica: “donde el entorno acompaña y el capital observa”. La diferencia la marcarán las organizaciones que se atrevan a rediseñarse antes de que el mercado las obligue.
Esta transformación, según Coronel, exige cuatro pasos concretos:
- Diagnosticar el modelo actual con honestidad antes de la crisis.
- Rediseñar procesos con métricas claras y trazables.
- Desarrollar liderazgo y talento con enfoque estratégico.
- Integrar tecnología e IA como parte del modelo.
“La verdadera pregunta que toda empresa debería hacerse no es cuánto va a crecer este año, sino si puede sostener ese crecimiento sin que los costos, errores y desgaste crezcan al mismo ritmo”, finalizó Coronel.