Los camiones hacen fila desde el amanecer en las terminales portuarias del sur del país. Uno tras otro descargan toneladas de granos dorados. Silos que se llenan, barcazas que zarpan, plantas de crushing que no paran: ese movimiento incesante es la postal de una cosecha que rompió el techo de los últimos años y que ya se traduce en divisas frescas que empujan al alza la economía nacional.
Producción récord impulsa los envíos al exterior
Sonia Tomassone, asesora de Comercio Exterior de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), explicó a ABC Rural que el repunte exportador está directamente atado al desempeño de la campaña 2025/26. La producción se estima en 12,3 millones de toneladas, frente a los 10 millones de toneladas obtenidas en la zafra anterior.
La producción saltó 23% respecto a la zafra anterior, un salto que elevó la disponibilidad de soja para los mercados internacionales y fortaleció los ingresos del complejo sojero. Al cierre del séptimo mes del año, el incremento de US$ 1.020 millones en divisas, comparado con igual período de 2025, refleja el impacto directo de la buena cosecha sobre las exportaciones.
Solo en soja en grano fueron exportadas 6,8 millones de toneladas, con ingresos por US$ 2.648 millones. La cifra confirma el peso que mantiene el principal producto agrícola dentro de la estructura exportadora paraguaya.
Sumados grano, aceite y pellets, el complejo sojero acumuló ingresos por US$ 3.512,4 millones entre enero y julio. Ninguna otra cadena agroexportadora del país se acerca a ese volumen de divisas en lo que va del año.
Aceite y pellets también aumentan
El envión positivo no se limitó al grano. Las exportaciones de aceite de soja alcanzaron 390.705 toneladas, frente a 367.259 toneladas en el mismo período anterior, un alza de 6,4%, con ingresos por US$ 432,3 millones.
Las exportaciones de pellets llegaron a 1.418.492 toneladas, por encima de los 1.247.445 toneladas previas, un crecimiento de 13,7%. Este rubro generó US$ 432,1 millones, prácticamente en línea con lo obtenido por el aceite.
Tomassone atribuye el crecimiento de aceite y harina de soja, tanto a la mayor producción del grano como a condiciones de mercado, que dejaron un margen importante en la industrialización. El buen desempeño de la producción primaria se trasladó así a la transformación y el procesamiento, ampliando el impacto económico de todo el complejo.
La lectura es clara: cada punto adicional de cosecha en la chacra se multiplica río abajo, en las aceiteras y en las plantas de extracción que compiten por materia prima durante la zafra.
Efecto derrame sobre toda la economía
El ingreso de divisas por soja trasciende al sector agrícola. La dinámica exportadora moviliza actividades de producción, comercialización y transporte a lo largo de toda la cadena.
El transporte fluvial y terrestre figura entre los principales beneficiados, junto con las industrias conexas que participan del negocio. Camioneros, acopiadores, navieras, seguros y servicios portuarios sienten el mismo impulso que los productores cuando la cosecha es buena. Mayor producción y mayor exportación generan actividad económica en distintos eslabones y dinamizan la economía mediante ese efecto derrame.
El complejo sojero mantiene así un papel estratégico para Paraguay, no solo por las divisas que aporta, sino por la cantidad de actividades que dependen directa o indirectamente de su desempeño.
Concentración de mercados: oportunidad y riesgo
Uno de los desafíos señalados por Tomassone es la concentración de las exportaciones en dos mercados. Para pequeños y medianos exportadores sin logística propia para llegar a destinos de extrazona, esa concentración representa una oportunidad.
Pero también implica una amenaza. Cualquier variación en esos mercados podría traducirse en menores precios pagados a los productores paraguayos o en mayores costos logísticos, con impacto directo en los resultados de los exportadores.
Diversificar destinos sigue siendo, por eso, una tarea pendiente para reducir la exposición del sector ante cambios en las condiciones comerciales internacionales. Abrir nuevos compradores no es solo una cuestión comercial: también fortalece el poder de negociación de los exportadores paraguayos frente a sus principales socios actuales.
Expectativa ante la nueva campaña
Con el inicio de la nueva campaña de soja previsto para las próximas semanas, las expectativas del sector son positivas. El clima, sin embargo, seguirá siendo el factor determinante del resultado.
Tomassone sigue de cerca las lluvias previstas y si serán excesivas –en un escenario de “super-Niño”– o si alcanzarán los niveles necesarios para repetir el desempeño de 2025/26.
El sector apunta a otra producción destacada que sostenga el dinamismo de las exportaciones y el ingreso de divisas. Una nueva cosecha de buenos resultados devolvería a la soja su rol como uno de los principales motores de la economía paraguaya.
Cifras
US$ 3.512,4 millones es el ingreso total.
Grano: 6,8 millones de toneladas, US$ 2.648 millones.
Aceite: 390.705 toneladas (+6,4%), US$ 432,3 millones.
Pellets: 1.418.492 toneladas (+13,7%), US$ 432,1 millones.
Comparativo: 12,3 millones de toneladas producidas en 2026 vs. 10 millones de toneladas en la zafra anterior: +23%.
Opinión
El agro marca el ritmo económico
La soja sigue influyendo sobre el ciclo económico paraguayo, aunque el país cuenta hoy con una economía más diversificada. Para Humberto Colmán, economista jefe de la Fundación Desarrollo en Democracia (Dende), exviceministro de Economía y exmiembro del Directorio del Banco Central del Paraguay, el desempeño de este año confirma que el sector primario conserva un rol clave en la expansión.
El crecimiento acumulado de la economía llegó a 5,6% a mayo, apoyado en buena medida por el sector primario y por la campaña agrícola. Una buena producción de soja genera efectos que van más allá del propio sector productivo y alcanzan a otras actividades económicas.
“Una buena campaña, ya sea por buenos rendimientos o por mejores precios internacionales, beneficia primero a los productores, luego al comercio, los servicios de transporte y otros”, explica Colmán.
El efecto no se agota en el ingreso inicial de la actividad agrícola. Los mayores recursos de los productores derivan luego en más actividad comercial y de servicios vinculados al campo, y también pueden abrir condiciones favorables para nuevas inversiones.
La soja continúa funcionando como una pieza clave del ciclo económico paraguayo, en particular por su capacidad de movilizar los distintos eslabones de la cadena productiva, desde el crédito rural hasta el consumo en las ciudades del interior.
Dependencia logística genera desafíos
Uno de los principales desafíos está en la concentración de mercados y canales de salida de la producción. Paraguay depende fuertemente de mercados como Argentina para colocar su soja. El comercio con los socios regionales ofrece ventajas y cierta comodidad, pero apoyarse en pocos mercados o vías logísticas también implica riesgos.
Colmán advierte que esa concentración vuelve a los ingresos externos más sensibles ante eventuales problemas comerciales, logísticos o económicos en los países involucrados.
La condición mediterránea de Paraguay y su dependencia de la logística regional para movilizar buena parte de sus productos hacia los mercados internacionales agravan esa vulnerabilidad. “Ampliar mercados y contar con alternativas ayudan a reducir la vulnerabilidad de las exportaciones ante shocks externos”, sostiene el economista.
El desafío, entonces, no pasa solo por mantener los vínculos comerciales existentes, sino por avanzar hacia una mayor diversificación de destinos y contar con alternativas que reduzcan el impacto de eventuales interrupciones en las rutas comerciales tradicionales.
Más productividad y valor agregado
Para Colmán, el siguiente paso es aprovechar las ventajas que Paraguay ya tiene en la producción primaria, pero avanzando hacia mayor productividad y más valor agregado dentro del territorio nacional.
La industrialización de la soja aparece como una de las principales oportunidades. La producción de aceite, harina y otros derivados amplía la cadena productiva, genera más ingresos y retiene una mayor proporción de las divisas vinculadas a la actividad económica del país.
Esa industrialización también permite aprovechar de manera más amplia la materia prima producida localmente, incorporando nuevos procesos, servicios y actividades alrededor del producto agrícola.
Diversificar para reducir vulnerabilidades
Para Colmán, el desarrollo de la agroindustria debe avanzar en paralelo con una mayor diversificación de la economía: “Esa estrategia es clave para reducir la exposición del país a factores que no puede controlar, como los precios internacionales o el clima”.
La soja seguirá siendo un componente relevante de la economía paraguaya, pero el desafío consiste en transformar esa fortaleza productiva en una plataforma para nuevas actividades, más valor agregado y mayores oportunidades de crecimiento, sostiene.
Elevar la productividad, industrializar una mayor proporción de la producción y diversificar mercados y sectores aparecen como los caminos para aprovechar el potencial del agro sin aumentar la vulnerabilidad de la economía ante shocks externos.