La justicia y el covid-19

Tuvimos una semana colmada de novedades, como otras veces. A mi juicio, sobresalieron dos de ellas: el aumento preocupante de fallecidos y contagiados por el covid-19, y la absolución del sacerdote que acosó sexualmente a una joven.

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En el segundo caso, nadie entiende que dos miembros del Tribunal, entre ellos una mujer, se inclinaran por favorecer a un clérigo, con argumentos desatinados. No hay ninguna duda –el mismo acusado lo admitió– de que manoseó los pechos de una joven de su parroquia donde ella realizaba actos religiosos y sociales. Es una de los miles de jóvenes que se dan íntegra a su religión con la confianza, a veces ciega, en la autoridad, la moral, la decencia del sacerdote. Fue por eso que, al verse desilusionada, reaccionó como lo hizo: con furia. No esperaba de su mentor tamaña vileza.

Cuando la joven conoció que otra mujer sentenció la absolución de su victimario, se sintió terriblemente herida. No lo esperaba. No podía creer que dos miembros del tribunal abriesen el camino para que otros, sacerdotes o no, hicieran lo mismo que se había hecho con ella. Total, manosear el pecho de una mujer, contra su voluntad, no es delito. “Fue una vez nomás”, dijo la juez. Entonces llovió la pregunta lógica: ¿cuántas veces hay que hacerlo para convertirse en delito? Robar una vez ¿no es robar?

La juez Dina Marchuk justificó la inocencia del victimario con estas palabras, según ABC Color del martes: “El cura párroco no ejercía ninguna autoridad sobre la víctima. Formaba parte de la comunidad pastoral; no era dependiente del cura párroco”. O sea, si no depende de alguien, la mujer está expuesta a las agresiones sexuales, venga de donde viniere, sin consecuencias penales. No es acoso. Pero al mismo tiempo, la juez trata a la joven de “víctima”. Si no sufrió el atropello a su honor, entonces no es víctima. De acuerdo con el diccionario, en su segunda acepción, víctima es: “Persona que sufre las consecuencias de una acción propia o de otros”. La joven sufrió una acción de otro. Y si la misma juez la califica de víctima, es porque hay un victimario. ¿Entonces?

La madre de la víctima –para usar la palabra de la juez– se preguntó: ¿Una tiene que ser realmente violada en reiteradas ocasiones para que le hagan caso? La respuesta nos remite a la idea de la juez: Depende de quién es el violador. Si la joven no depende de él, no será delito.

Con la aplicación de las leyes que hacen estos jueces, no sería raro que escuchemos un diálogo así:

-Sí, señores jueces, yo maté a esa persona; pero es la primera vez que lo hago.

-Ah, bueno, queda en libertad entonces.

El otro caso que nos quita el sueño es el aumento preocupante de los contagios del covid-19 y la cifra diaria de fallecimientos. La situación se agrava por la constante denuncia del personal de blanco acerca de la escasez de insumos. El martes, el Colegio Médico Quirúrgico del Paraguay habló de una “situación sanitaria descontrolada” y la falta de “kits de test, medicamentos, equipos de protección, más la corrupción impune”.

Mientras tanto, el ministro de Salud autorizó el veloz pago de sesenta mil millones de guaraníes a las empresas que aparecen en el escándalo de las compras de insumos. Luego el ministerio lo negó.

A su vez, los empresarios están temerosos porque se retroceda a una cuarentena total lo que sería una “pandemia económica”.

Al parecer, la elección es: “Estoy sano, pero paso hambre”; o “Estoy enfermo, pero me alimento”.

Se sabe que no hay desarrollo económico sin salud. La cuestión es no vernos obligados a elegir uno entre dos males.

alcibiades@abc.com.py

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