Barras bravas, asociaciones criminales

Yo no necesito de las autodenominadas barras bravas, o barras organizadas para disfrutar de un partido de fútbol. No me atrae esa cultura de la criminalidad disimulada en un supuesto sentimiento hacia un determinado equipo de fútbol.

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Dejemos de romantizar a estas asociaciones criminales que utilizan al fútbol como fachada para sus actividades ilícitas. A mí no me engañan, sus equipos les importan un ca…. No les compro que se peleen con otras facciones de sus mismos colores solo por monopolizar el “aliento y el aguante”.

De manera particular los líderes de estas barras bravas o asociaciones criminales tienen a su disposición toda una estructura delictiva bien aceitada que les permite cubrirse las espaldas y hacer cada vez más próspero el negocio del que se nutren varios sectores. Empecemos por la Policía Nacional, quien gustosa espera su cuota semanal o mensual producto de varios tipos de ilícitos.

Es y será el tráfico de drogas el que motiva semejantes atrocidades en las gradas de un estadio de fútbol y sus alrededores, como se observó días atrás en el Defensores del Chaco. No se dejen engañar, a estos energúmenos no les importa si su equipo gana o pierde. Sus líderes construyen un personaje mediante el cliché del barra, con una determinada forma de hablar, de referirse a su clásico rival y dándole la tonada porteña a sus cánticos de “aliento”. Porque ni para eso sirven, ni para crear un estilo propio, hasta eso copian.

Pero este liderazgo que tienen las caras visibles de estas asociaciones criminales apodadas barras bravas, solo sirve a la hora de manejar el negocio, porque ante el primer desmán salen con la excusa de que no pueden controlar a todos.

Se burlan de los fiscales y policías que organizan reuniones para tratar de guardar las formas los días de partido. Salen juntos en fotos, hasta comparten asados con los Comisarios. Hasta custodia policial les ofrecen cuándo se dirigen a los estadios. Durante el trayecto patotean a los ciudadanos de bien que tienen la mala suerte de cruzarse con esta lacra.

Y no podemos olvidarnos de los Presidentes de los clubes. Juan José Zapag salió presuroso a desalojar a los barras que nada más y nada menos tenían oficinas en el Club Cerro Porteño. Hasta estacionamiento a disposición en el Club. Hasta que un fiscal con los pantalones bien puestos se anime a investigar a los Zapag, a los Cardona y compañía por el nexo entre estos grupos y las dirigencias, este flagelo no terminará.

El problema no es exclusivo de un solo club, esa relación barras bravas con dirigentes deportivos y hasta políticos, hace que los delincuentes, de ambos bandos, obtengan cada uno el beneficio que busca. Cómo olvidar que Adolfo Trote pasó de ser líder de la barra de Olimpia a dirigente del Club. Y capaz si no se le ocurría asesinar a su esposa, terminaba como Presidente de la institución. O la misma barra de Luque, que era ni más ni menos que el brazo armado de los González Daher.

Resumiendo, las barras bravas no tienen como objetivo primordial el generar ese ambiente para muchos necesario en los estadios. Esta es solo la fachada del negocio subterráneo que manejan, el tráfico de drogas y otros ilícitos. La Policía jamás combatirá en serio a estos grupos porque la cuota que reciben es demasiado generosa. Y los dirigentes de los clubes mediante entradas de gentileza y hasta cediéndoles las instalaciones de los clubes, no me vengan ahora con que nada tienen que ver con estos criminales.

rodasportillo@gmail.com

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