La posición de la Unión Europea y aliados es clara y firme: queremos la paz en Ucrania, y queremos que esa paz perdure. Para que sea creíble y sostenible, debe estar fundamentada en el derecho internacional y respaldada por garantías de seguridad sólidas. La experiencia demuestra que los acuerdos débiles o precipitados solo siembran las semillas de futuras agresiones. Ningún arreglo de paz puede ser viable sin la participación plena de Ucrania, y ningún acuerdo que afecte la seguridad europea puede prosperar sin el compromiso activo de Europa.
Recompensar la agresión tendría consecuencias devastadoras para la seguridad global. Si se permite cambiar fronteras por la fuerza, otros actores podrían verse tentados a hacer lo mismo. La soberanía, la integridad territorial y la rendición de cuentas no son conceptos occidentales ni europeos: son principios universales consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y esenciales para la seguridad de todos los Estados, grandes y pequeños.
Principios que importan a todos. El modo en que termine esta guerra influirá en el futuro del orden internacional.
Si la agresión se normaliza, la estabilidad internacional se debilitará mucho más allá de Europa. En cambio, una paz justa y duradera en Ucrania reafirmará el valor universal de la soberanía y del derecho de cada nación a existir y tomar sus propias decisiones.
La Unión Europea mantiene su compromiso de apoyar a Ucrania en los ámbitos político, económico, militar y diplomático. Al mismo tiempo, permanece abierta a cualquier vía creíble que conduzca a una paz justa y duradera, basada en los principios del derecho internacional.
Una cuestión global. Aunque la guerra puede aparecer distante aquí en América del Sur, es un problema global. Sus repercusiones se sienten mucho más allá de Europa:
- En el plano económico, el conflicto ha alterado los mercados de alimentos y energía, contribuyendo al aumento de la inflación a nivel global.
- En el ámbito político, la guerra ha profundizado las divisiones entre Estados y ha erosionado la confianza en las instituciones y normas internacionales. La guerra ha incrementado la incertidumbre global y desviado atención y recursos de esfuerzos colectivos esenciales, como la cooperación en comercio, desarrollo y lucha contra el cambio climático.
El año 2026 debe marcar el punto de inflexión. Poner fin a la agresión y consolidar una paz justa en Ucrania no es solo una necesidad para Europa: es una responsabilidad compartida para proteger el orden internacional y garantizar la seguridad de todos.
Por Gordon Kricke, embajador de Alemania; Javier Parrondo, embajador de España; Pierre-Christian Soccoja, embajador de Francia; Marcello Fondi, embajador de Italia; Danielle Dunne, embajadora del Reino Unido, y Katja Afheldt, embajadora de la Unión Europea.