Siempre es hermoso observar los coros de los chicos y las chicas que alaban a Dios, con esas voces angelicales y maravillosas. Si uno se fija bien, en esos rostros juveniles se expresan la fe profunda y el agradecimiento a Nuestro Señor. Es bueno, que ellos toquen los instrumentos y usen sus cuerdas vocales para glorificar al Creador y a su hijo único que vino a Salvarnos del pecado y de la muerte. Revivir los momentos de la última cena, el lavado de los pies, la traición de Judas y la crucifixión. Mira un poco, que Pilatos libero a Barrabás qué era delincuente y castigo a Jesús qué era inocente. Algo que sucede hasta hoy. Aunque pasaron 21 siglos, los fiscales y jueces paraguayos hacen lo mismo, porque vemos impunes a muchos delincuentes y van a la cárcel por bagatelas, o gente inocente.
Por eso, Monseñor Ricardo Valenzuela en su homilía de Caacupé, de domingo de pascuas, dijo que jueces y fiscales son cobardes y no tienen la valentía y el coraje de impartir justicia. Y la sociedad se encuentra a su suerte, del sálvese quien pueda. No hay seguridad ni en las casas, ni en las calles, ni en los colectivos.
Tampoco encontrás justicia cuando vas a llevar tu denuncia a comisarías y fiscalía y tu carpeta no corre. Sabemos que la fiscalía tiene 6 meses para investigar y reunir las pruebas. También cuando el juez debe dictar sentencia, es muy permisivo con el delincuente. Y la víctima sale impotente e indignada, sin poder hacer nada. Es que poderoso caballero es don dinero. Si tu abogado es muy famoso y caro, tal vez tengas un poco más de chance. Pero los que recurrimos a la justicia, estamos en desventaja, ya que no podemos pagar abogados costosos y mediáticos. Tenemos que conformamos con defensores públicos. Algunos y la mayoría, sin preparación y con pocas ganas de trabajar. Así las cosas, el pueblo pierde las esperanzas, ya que todo es compra y venta de sentencias.
Por eso, monseñor Ricardo Valenzuela, instó a la gente encargada de impartir justicia, a realizar su trabajo en forma, a favor de los pobres y desprotegidos.
La esperanza es nuestra hermosa juventud sana y estudiosa. Que práctica y ama los deportes, la lectura y las artes. Y se acerca a las Iglesias, leyendo la Biblia y cantando. Servir a Dios, es servir al prójimo. Jesús tiene que resucitar en nuestro corazón y nuestra mente. Mientras haya corrupción, robando todas las arcas del Estado, Jesús seguirá en la Cruz. Y mientras falten escuelas, hospitales y justicia. Si hay niños en la calle con hambre y abandono, Jesús no resucitará. Mientras haya pobreza, ignorancia y explotación. Pensemos en el gran sacrificio del Hijo de Dios, en dar su sangre por la humanidad. Pensemos en su calvario y su agonía por amor a nosotros y darnos la salvación. Todo eso no puede quedar ahí nomas. Tenemos que vivir ese amor todos los días y luchar contra el odio y la violencia. Si verdaderamente somos cristianos, tenemos que dar ejemplos y testimonios. Todos los políticos en plena campaña, tienen que entrar en conciencia y en compromiso. Necesitamos que alguien venga a limpiar como Jesús hizo con los mercaderes en el templo. Estamos llenos de hipócritas y Fariseos. Ojalá renazcan los valores, la ética, el amor al prójimo y el patriotismo. Esa es la idea central y el mensaje de Pascuas de Resurrección. Aleluya.
Aleluya.