Asimismo, es el inicio de la “Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos”, pues el diálogo ecuménico produce buenos frutos. Por otro lado, después de terminar su misión en este mundo, Jesús volvió a la gloria que le pertenece, y acertadamente proclama nuestro Credo: “Al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso”.
La glorificación de Jesucristo ya es, en cierta medida, nuestra glorificación, pues donde nos ha precedido Él, que es nuestra Cabeza, esperamos llegar también nosotros, como miembros de su Cuerpo.
Para llegar definitivamente a esta gloria, antes tenemos que elevar nuestro espíritu por encima de tantas bajezas que lo manchan y tratar de “subir al cielo” desde ahora. Basta mirar alrededor, infelizmente, para darse cuenta de que muchos jóvenes viven en el fango de la desgana y sin una educación adecuada, ya sea por la falta de merienda escolar, de laboratorios de informática, de profesores bien remunerados y capacitados, o por el riesgo de un sistema educativo manipulado por artimañas políticas.
También influye el abandono dentro de la propia familia, donde los padres tienen que ir al extranjero en busca de empleo y los hijos quedan a la deriva. Estas falencias predisponen al abuso de sustancias químicas, además de no ofrecer un ideal elevado de vida.
De modo preocupante, los jóvenes son víctimas del mal uso de los medios de comunicación social, llámense teléfono celular, televisión, internet, redes sociales, computadora o videojuegos.
Estamos cansados de saber que la tecnología es buena, pero, sin criterios éticos en su uso, se vuelve contra el ser humano y termina destruyéndolo.
Por ello, el Papa nos advierte que los medios de comunicación social deben llevarnos al encuentro con las demás personas y jamás convertirse en un instrumento que favorezca el individualismo, el cual, a la larga, termina produciendo carencia afectiva y depresión. Así, todos debemos “subir al cielo” en cada actitud que asumimos, aumentando el respeto dentro de la propia familia, la cordura y la justicia en la sociedad y, en la Iglesia, siendo misioneros disponibles para evangelizar y hacer que todos sean discípulos de Cristo.
Algo esencial para “subir al cielo” es cuidar y promover el bien común, que favorece el desarrollo y la solidaridad.
Paz y bien
hnojoemar@gmail.com