Las lecciones de Australia para internacionalizar la educación superior en Paraguay

En un artículo, el ex Director de la Red de Inversiones y Exportaciones del Paraguay (REDIEX), Mario Romero, hizo un llamado a atender “Qué puede aprender Paraguay de Australia” para internacionalizar nuestra educación superior. Romero es categórico al señalar que, si “Paraguay aspira a diversificar su matriz productiva, es hora de replicar la estrategia de Australia, un país que convirtió sus aulas en una de sus mayores fuentes de divisas”. De hecho, nuestro país ya no puede esperar, atendiendo las oportunidades existentes, así como los desafíos presentes, tanto en materia de educación superior como de financiamiento público para proyectar cambios futuros.

Australia dio un paso decisivo para desarrollar su sociedad, tomando como fuerza propulsora a su educación superior, logrando convertirla en su cuarto mayor sector exportador. La educación superior solo quedó por detrás de los minerales y la energía, superando incluso a industrias tradicionales como el turismo y la agricultura. Según el Departamento de Educación del Gobierno australiano, la educación internacional generó aproximadamente 37 mil millones de US$ en el período 2024-2025, de los cuales 21 mil millones de US$ corresponden a bienes y servicios consumidos por estudiantes extranjeros, mientras que 16 mil millones de US$ provienen de matrículas universitarias. Este resultado es fruto de una política pública sostenida durante décadas, en la que el Estado, las universidades y el sector privado actuaron de manera coordinada para convertir al país en un destino educativo global.

La atracción de Australia como destino educativo funcionó. Según el gobierno australiano y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los estudiantes internacionales representan cerca del 27% del total de estudiantes de educación terciaria en Australia, una proporción extraordinariamente alta en comparación con el promedio de los países de la OCDE, que ronda el 7%. En 2025, el país superó los 545.000 estudiantes universitarios internacionales, provenientes principalmente de China, India, Nepal, Vietnam y Filipinas. En algunas universidades, los estudiantes extranjeros representan entre el 30% y el 40% de los ingresos totales de estudiantes.

Australia se ha puesto como visión el desarrollo, bienestar y educación de su población, entendiendo que esta visión requiere financiamiento, y que para ello se debería dar rienda suelta a todo el potencial de las universidades australianas. ¿Por qué no podríamos interrogarnos lo mismo en nuestro país? El modelo australiano debería inspirar el debate en Paraguay. Más aún atendiendo las limitaciones financieras del sector público y el inadecuado contexto para elevar impuestos, con lo cual está claro que el desarrollo de la educación superior no puede ser financiado desde las agotadas arcas públicas.

De ahí que el convertirnos como destino internacional de educación superior es una visión que cumple la doble función de atraer recursos hacia el país y permitir a las universidades elevar su calidad educativa. En el caso de Australia, su internacionalización le permitió potenciar el financiamiento para la investigación, la infraestructura y mejores condiciones de contratación a docentes; es decir, no solo generar divisas sino también fortalecer la calidad académica y la capacidad científica del país.

El rol de las ciudades universitarias

Un rasgo distintivo del modelo australiano es el papel que desempeñan las ciudades que concentran a los estudiantes internacionales. Ciudades como Melbourne, Sydney, Brisbane y Adelaide desarrollaron ecosistemas universitarios que combinan campus, residencias, transporte, servicios de salud, comercio y espacios culturales orientados a la población estudiantil, generando economías locales dinámicas y transformando así la educación en un motor de desarrollo urbano. Es decir, la presencia de miles de estudiantes extranjeros no solo beneficia a las universidades, sino también a restaurantes, alquileres, transporte, comercio minorista y servicios profesionales.

Este proceso de desarrollo estuvo acompañado de planificación urbana, coordinación institucional y la participación activa de organizaciones dedicadas al desarrollo estratégico de las ciudades. Entre ellas se destaca el Committee for Sydney, un organismo independiente integrado por universidades, empresas, autoridades locales y expertos en políticas públicas, cuyo objetivo es promover el crecimiento sostenible y la competitividad internacional de la ciudad de Sydney.

Los informes del comité han enfatizado que el desarrollo de las “ciudades educativas globales” requiere políticas coordinadas en materia de vivienda, transporte, planificación urbana, regulación educativa y promoción internacional. La atracción de estudiantes extranjeros, según esta visión, no depende únicamente de la calidad académica de las universidades, sino también de la capacidad de la ciudad para ofrecer condiciones de vida seguras, accesibles y competitivas a nivel global.

Lecciones para Paraguay

El caso australiano ofrece enseñanzas particularmente relevantes para nuestro país, donde la matrícula universitaria extranjera, especialmente en carreras de la salud, ha crecido rápidamente. Se estiman en cerca de 40.000 estudiantes brasileños cursando medicina en Paraguay, lo que representaba cerca del 80% de la matrícula en dicha carrera a nivel nacional. Estos estudiantes residen en ciudades como Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero, Mariano Roque Alonso, Salto del Guairá, Asunción, Presidente Franco, Encarnación, Hernandarias y otras.

Por lo tanto, en Paraguay la movilidad estudiantil internacional ya es un hecho. Además, la cercanía idiomática entre el portugués y el español, y la dinámica cultural con rasgos similares permiten que los estudiantes internacionales se inserten con relativa facilidad en la vida económica y social de las comunidades que los reciben. Esta afinidad constituye una ventaja que Australia no tenía al iniciar su proceso de internacionalización educativa y que hoy posiciona al Paraguay en condiciones favorables para consolidar verdaderas ciudades universitarias.

Paraguay ya tiene “viento a favor”, como dice Mario Romero. Pero para convertirnos en un polo regional de formación universitaria, debemos convencernos, en primer lugar, de que podemos serlo. Aunque suene paradójico, esto es a veces lo más difícil. Y en segundo lugar, debemos sumar a los diferentes sectores fundamentales para este proceso. Además de las instituciones reguladoras del sistema educativo, debemos converger en una amplia conversación nacional que involucre a las universidades e instituciones nacionales encargadas de políticas de capital humano, investigación, seguridad, planificación, documentación, así como los gobiernos locales y gremios económicos que deberán sumarse en este proceso. El objetivo debe ser diseñar una estrategia de largo plazo y planificar acciones de cooperación pública y privada, capaces de posicionar al país como un destino regional de educación superior. Australia demuestra que este camino es posible.

*Director Ejecutivo de la Unión de Facultades de Medicina Privadas del Paraguay (UFAMEP)

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