Venenos de Paraguay, antídotos de Paraguay

En octubre de 2023 un adolescente de trece años fue picado por un alacrán escondido en su calzado, dentro de su casa. Recibió antiveneno de forma inmediata y aun así falleció días más tarde en el Hospital General Pediátrico Niños de Acosta Ñu. El país tenía antídoto disponible ese día. Lo que no tenía era un antídoto diseñado para las especies que habitan su territorio.

Días después de aquel episodio, el Dr. Adolfo Borges Strauss, doctor en Bioquímica y Biología Molecular e investigador del Centro para el Desarrollo de la Investigación Científica (CEDIC), advirtió públicamente que Paraguay es el único país de la región que no fabrica sus propios antídotos contra alacranes, arañas y víboras, y que la neutralización obtenida con productos importados para tratar los venenos locales resulta parcial. En el territorio nacional habitan catorce especies de alacranes y cuatro de ellas son potencialmente peligrosas para el ser humano, algunas de las cuales producen toxinas exclusivas de la biodiversidad paraguaya. Depender enteramente de la importación deja al sistema de salud con un producto que no fue diseñado para la fauna del país. Es, en el fondo, una cuestión de soberanía sanitaria.

Ese diagnóstico, formulado desde la investigación científica nacional, acaba de traducirse en un paso que puede cambiar la política pública. Mediante la Resolución N.° 351/2025, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) adjudicó el Proyecto Estratégico ESTR01-7, denominado “Diseño de Antivenenos contra la Fauna Tóxica del Paraguay”, en el marco del Programa Paraguayo para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología PROCIENCIA II. La iniciativa dispone de una inversión de 9.500 millones de guaraníes, un plazo de ejecución de cuarenta y ocho meses y la conducción del CEDIC como institución proponente, con el Dr. Borges como investigador principal. Fue seleccionada entre once propuestas presentadas, luego de evaluación por pares internacionales.

El aspecto que deseo destacar no es solamente la pertinencia técnica y estratégica del proyecto, sino el modelo de arquitectura institucional que lo sostiene. La iniciativa articula financiamiento público, investigación independiente, sector productivo y universidades privadas. Junto al CEDIC y a la Asociación Guyrá Paraguay (institución aliada) participan como instituciones asociadas la Asociación Rural del Paraguay y BIOSYNTECH S.A., además de un consorcio de universidades integrado por la Universidad Americana (UA), la Universidad Central del Paraguay (UCP), la Universidad Sudamericana (UNISUD), la Universidad Politécnica y Artística del Paraguay (UPAP), entre otras. Acompañan además el Instituto Clodomiro Picado de Costa Rica, la Fundação Ezequiel Dias de Brasil y el Instituto Biológico “Dr. Tomás Perón” de Argentina, tres de los centros con mayor trayectoria regional en producción de antivenenos. La iniciativa cuenta con el respaldo institucional del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social del Paraguay.

El modelo de cooperación importa porque es el diseño que puede sacar adelante el desarrollo universitario en Paraguay. Las universidades paraguayas, en general, han concentrado sus históricos esfuerzos en la docencia para la formación de profesionales, quedando relegada la investigación científica. Este proyecto es otra muestra del proceso para revertir esta situación. La iniciativa apunta a la producción de conocimiento aplicado a un problema nacional, una limitación sanitaria concreta, verificable y con destinatarios identificables. El consorcio asumió además una responsabilidad formativa, con una Cátedra Itinerante de Medicina Tropical, campañas públicas de prevención y la formación de investigadores en programas de maestría y doctorado.

El resultado esperado es un lote experimental de aproximadamente mil ampollas de antiveneno antiescorpiónico de origen equino con calidad inyectable, producido a partir del veneno de las especies presentes en el país, a fin de proveer la prueba de concepto para la futura producción a gran escala. Para ello se adecuará un laboratorio piloto en el CEDIC bajo normas de Buenas Prácticas de Manufactura y un laboratorio de procesamiento de plasma equino. El beneficio del proyecto descansa en tres condiciones que la importación de antivenenos no puede ofrecer. La primera es la pertinencia, porque el inmunobiológico se formulará contra los venenos que efectivamente causan los accidentes en Paraguay. La segunda es la disponibilidad, ya que producir localmente libera al sistema de salud de la dependencia de donaciones y compras externas. La tercera es la distribución, dado que el proyecto contempla el levantamiento de un mapa nacional de riesgo mediante la integración de capas de información geográfica, ambiental, biológica, epidemiológica y socioeconómica, lo que permitirá orientar el abastecimiento hacia las zonas donde los casos ocurren y acortar el intervalo entre la picadura y la aplicación del antídoto.

Un lote experimental de mil ampollas no resuelve por sí solo el problema del envenenamiento por fauna tóxica en Paraguay. Lo que sí hace es demostrar que el país puede producir aquello que hasta ahora únicamente ha sabido solicitar, y que puede hacerlo con veneno paraguayo, en laboratorios paraguayos y con investigadores formados en el país. El proyecto rendirá cuentas con informes técnicos, publicaciones y auditorías, y así debe ser. Pero su verdadera medida será otra. Que la próxima vez que un niño se calce las zapatillas y encuentre un alacrán dentro, el sistema de salud tenga un antídoto hecho para ese alacrán.

* Director Ejecutivo de la Unión de Facultades de Medicina Privadas del Paraguay (UFAMEP)

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