¿Quién le explica al presidente del BCP que su trabajo no es solamente controlar la inflación?

Durante muchos años, Paraguay construyó algo que para cualquier empresario vale casi tanto como una baja inflación: previsibilidad.

Podíamos discutir si el dólar estaba alto o bajo. Podíamos tener diferencias sobre el nivel de las tasas de interés. Pero había una característica de nuestra economía que nos permitía invertir, contratar, presupuestar y proyectar: las principales variables no acostumbraban a moverse de manera abrupta.

Hoy esa previsibilidad está siendo puesta a prueba.

En aproximadamente doce meses, el dólar cayó cerca de un 25% frente al guaraní. No estamos hablando de una corrección menor. Estamos hablando de un movimiento extraordinariamente rápido para los parámetros a los que estaba acostumbrada la economía paraguaya.

Y el problema no es simplemente si el dólar está a 5.900, 6.000, 6.500 o 7.000 guaraníes. El problema es la velocidad con la que llegamos hasta acá.

Una empresa no se administra mirando la cotización de esta mañana

Las empresas toman decisiones con meses y muchas veces años de anticipación. Compramos terrenos. Firmamos contratos de construcción. Cerramos precios con proveedores. Contratamos personal. Tomamos créditos. Vendemos departamentos a entregar dentro de tres años. Importamos equipamientos. Fijamos alquileres. Calculamos rentabilidades.

Todo eso se hace sobre determinados supuestos. Cuando una variable tan importante como el tipo de cambio se mueve cerca de un 25% en un período tan corto, esos supuestos dejan de ser supuestos: se transforman en pérdidas.

El problema resulta particularmente evidente en sectores que venden o facturan en dólares pero tienen una parte significativa de sus costos en guaraníes. Imaginemos una empresa que presupuestó un costo de G. 7.000 millones cuando el dólar estaba a G. 7.500. Ese costo equivalía a aproximadamente USD 933.000. Si el costo continúa siendo exactamente los mismos G. 7.000 millones pero el dólar pasa a G. 6.000, ahora representa USD 1.167.000. La empresa no gastó un solo guaraní más. Sin embargo, su costo medido en dólares aumentó 25%.

Eso destruye márgenes, modifica rentabilidades y puede convertir proyectos que parecían perfectamente viables en negocios con resultados muy diferentes.

Todavía no vimos lo peor

Este es, quizás, el punto que más me preocupa. El impacto completo de esta apreciación todavía no apareció en los balances de las empresas. Los resultados empresariales tienen rezago. Muchos contratos que hoy se están ejecutando fueron firmados hace uno, dos o tres años. Muchas obras que están avanzando fueron vendidas con estructuras de costos calculadas con otro tipo de cambio. Muchos negocios todavía están consumiendo inventarios, presupuestos o coberturas anteriores.

Por eso me parece peligroso observar los indicadores actuales y concluir que, como la economía sigue creciendo, entonces no existe un problema. De hecho, hay datos positivos. El crédito continúa creciendo, la maquila sigue expandiéndose y determinados sectores de la economía muestran dinamismo. Pero eso no invalida el problema cambiario.

Podemos tener crecimiento económico y, simultáneamente, estar deteriorando fuertemente la rentabilidad de determinados sectores. Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

No estoy pidiendo un dólar artificialmente alto

Quiero ser muy claro en esto. No creo que el Banco Central deba fijar el dólar que queremos los empresarios. Tampoco creo que deba garantizar la rentabilidad de ninguna empresa. El empresario tiene que asumir riesgos. Tiene que mejorar productividad. Tiene que aprender a utilizar forwards y mecanismos de cobertura. Y si tomó una mala decisión comercial, debe hacerse responsable. Pero existe una enorme diferencia entre pedirle al Banco Central que determine un precio artificial y pedirle que evite movimientos extraordinariamente bruscos que destruyan la previsibilidad de la economía.

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