Más que una bolsa de víveres

La crecida del río Paraná está dejando una profunda huella de dolor, incertidumbre y enormes pérdidas económicas entre las familias ribereñas de Ñeembucú. En Cerrito y sus compañías, Villalbín y sus comunidades rurales, Itá Corá, Puerto Itá y Paso de Patria, cientos de compatriotas atraviesan una de las situaciones más difíciles de los últimos años.

Detrás de cada vivienda inundada hay una familia que perdió prácticamente todo lo que tenía para subsistir. El agua arrasó con sus chacras, destruyó cultivos de maíz, mandioca, batata, cebolla y otros productos de autoconsumo y renta. A esto se suma la muerte de animales vacunos que no pudieron escapar de las aguas. Para los pequeños productores, estas pérdidas representan mucho más que un perjuicio económico: significan quedarse sin alimentos, sin ingresos y sin posibilidades de recuperarse a corto plazo.

La emergencia también deja al descubierto las enormes necesidades de las familias desplazadas. Se requieren alimentos no perecederos, elementos de aseo personal, medicamentos, atención médica permanente, carpas, mantas, mosquiteros, productos para la desinfección y limpieza de las viviendas, como la creolina, además de otros insumos indispensables para enfrentar las condiciones de precariedad en las que están viviendo.

La asistencia del Gobierno, aunque necesaria, resulta claramente insuficiente frente a la dimensión de la tragedia. No se puede pretender que una familia sobreviva con una bolsa de víveres que contiene apenas dos kilos de algunos productos.

Preocupa especialmente la ausencia del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), una institución que debería estar presente en el territorio, acompañando a los pequeños productores, realizando un relevamiento de los daños y preparando un plan de recuperación para el sector productivo.

La situación de los ribereños no puede reducirse a fotografías de autoridades entregando bolsas de víveres. La solidaridad y la asistencia inmediata son fundamentales, pero también se necesitan respuestas institucionales, responsabilidades y soluciones de fondo.

Hoy, estas familias necesitan comer, recibir atención médica, protegerse de las lluvias y contar con condiciones mínimas de dignidad. Mañana necesitarán recuperar sus chacras, reponer sus animales y reconstruir sus vidas.

El Gobierno debe comprender que una bolsa de víveres no repara una chacra destruida, no reemplaza un animal perdido ni devuelve el sustento a quienes hoy lo han perdido todo. Ñeembucú necesita mucho más que asistencia de emergencia: necesita presencia del Estado, compromiso y respuestas concretas.

edgar.vazquez@abc.com.py

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