Pese a que, supuestamente, no deberían existir limitaciones a la libre expresión, ciertas opiniones que marcan presencia en las redes sociales nos pueden hacer pensar lo contrario, ya que solo esparcen odio. Twitter es popularmente considerado como la vía más libre para expresar “hate” entre los internautas, pero ni Facebook ni Instagram se salvan de los discursos promovidos por los antivalores.
Desde diversidad religiosa o diferencias raciales que dan paso a la xenofobia, los temas que se debaten mayormente en comentarios de publicaciones nos muestran que las personas no tienen vergüenza de transmitir toda clase de odio. Las líneas de pensamiento, en épocas de elecciones, y los factores sociales, que involucran la perspectiva de género y a la comunidad LGBT, son leña para que, desde un comentario favorable o despectivo, se abra un marco amplio de discusiones que parecen no tener fin y, mucho menos, un concenso.
Voces diferentes se hacen notar en todo tipo de publicaciones simples que, tal vez, incluyan la frase “desastre ko Marito” o el “oikonte ko Marito”. Sin embargo, cuando una respuesta expresa una idea contraria a la del usuario que subió su pensamiento a la red, un sinfín de discursos va sumándose como una bola de nieve que, normalmente, adquiere facetas de odio e incoherencia.
Los discursos extremistas, que encontramos en las redes, deben alertarnos. Detrás de cada comentario sobre “extinguir feminazis” o “colgar a los políticos en las plazas públicas”, una persona se encuentra alimentando ideas que instan a actos de violencia.
Un claro ejemplo es el de Brent Tarrant, autor del crimen que se llevó la vida de 50 personas que estaban en una mezquita de Nueva Zelanda. En el Facebook de Brent se mencionaba explícitamente su odio contra la comunidad musulmana, en frases que calificaban a los inmigrantes como "un grupo de invasores" que "quieren ocupar las tierras de mi pueblo y reemplazar étnicamente a mi propia gente".
En Paraguay, comentarios como “cintarazo lo que les falta” o emojis de aplausos en publicaciones que declaran odio, son comunes de observar. El rencor que, tal vez, no se expresa cara a cara, se acumula y es canalizado por estas redes, en vez de ser parte de un diálogo social que permita concensos.
Queremos una nación que progrese, pero nos cerramos en nuestras ideas o las expresamos de manera incoherente desde nuestros teléfonos, agrandando la bola de nieve e intolerancia. ¿Cómo no nos damos cuenta de que este es un problema que nos impide unirnos como sociedad?
Por Eliseo Báez (17 años)