El PCC y el Comando Vermelho se originaron en Brasil, en São Paulo y Río de Janeiro respectivamente, y a medida que crecieron, se expandieron a nivel operativo en varios países de Latinoamérica, entre ellos, Paraguay.
Ambas organizaciones criminales fueron declaradas Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO, por sus siglas en inglés) y Terroristas Globales Especialmente Designados (SDGT) por el Gobierno de Estados Unidos, lo que permitirá al estado norteamericano utilizar todos sus recursos para interrumpir las fuentes de financiación.
El comisario Pedro Lesme, alumno de la Escuela Estrategia Policial que escribió el libro “Código del Crimen”, en el que recopila ocho años de investigación de estos grupos criminales, detalló que los mismos ganan entre US$ 60 millones y US$ 70 millones al año, lo cual calculan de acuerdo a la cantidad de incautaciones de drogas y armas que realizan las autoridades por año.
“Que el Gobierno de los Estados Unidos los haya decretado como organización terrorista también le permite a la República del Paraguay acceder a mayores informaciones a través de otras empresas, ya sean transnacionales, porque esto ha evolucionado, no solamente queda en robar bancos, en hacer actividades de tráfico internacional de armas, de drogas, sino que también hoy estamos hablando de un holding empresarial criminal que esto hace de que eso se sostenga con el dinero”, detalló.
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PCC y Comando Vermelho operan con holding de empresas
Lesme destacó que Paraguay cuenta con leyes maravillosas para el combate contra el crimen organizado, pese a no contar una ley especial; sin embargo, las mismas están dispersas.
“Es como la fábula del elefante y los ciegos. Cada uno de los ciegos se le pregunta qué parte del elefante tocó. Uno toca la pata, otro toca la cola, otro toca la trompa y acá uno se le pregunta qué tocó y cada quien tiene su problemática desde su visión, pero no tienen la película completa”, refirió.
Para el comisario, se deben englobar estas leyes en una sola para que no estén dispersas, lo que a su criterio impide que funcionen de buena manera, por lo que solo deben hacerse pequeños ajustes o crear una nueva ley, ya que la última fue hecha en el 2013, cuando se modificó la ley de seguridad interna y se creó la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC).
Pese al escenario, destacó el trabajo contra estas organizaciones que realizan las unidades especiales de la Fiscalía y los juzgados especializados en coordinación con las fuerzas públicas.
“Si bien combatimos, no vamos a poder extinguirlos, porque eso es prácticamente imposible, a no ser de que ocurra una situación fuera de contexto, porque ellos ya están esparcidos. Están en Brasil, en Argentina, en casi de todo el cono sur y más aún en lo que es Europa, Asia y otros países, porque ha permeado esa negociación de flujo criminal. Importan criminales, exportan mano de obra, envían drogas, armas, dinero, o sea, todo es un conjunto que de repente ellos encontraron en una salida sin control”, indicó.
Errores en el combate al PCC y al Comando Vermelho
Para Lesme se cometió el error en años anteriores en tratar de que los líderes no se encuentren unos con otros en las cárceles del país, por lo que los esparcieron en diferentes centros de reclusión, lo que generó que estas organizaciones crezcan. Tras entender este error estratégico, replantearon la creación de una cárcel exclusivamente para los integrantes de los grupos criminales.
“Si bien en el 2021 creo que fue la fuga masiva de Pedro Juan, ellos perdieron prácticamente las cabezas visibles de allí, quedó más o menos acéfala. El paraguayo culturalmente hablando no quiere cumplir las órdenes, entonces medio que aquí no tiene tanto enfoque eso de cabezas visibles, sí existen algunas, pero no tienen el arraigo como para hacer una organización fuerte aquí. Atendiendo todo eso, también las nuevas cárceles ayudaron muchísimo”, resaltó.
Agregó que a su criterio, hoy estas organizaciones están bastante contenidas mediante un trabajo estructurado del Ministerio de Justicia, la policía y otras instituciones. Detalló que actualmente estas organizaciones criminales cuentan en las cárceles con alrededor de 800 integrantes, número que también se replica fuera de los centros de reclusión.
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Explicó que la principal motivación de los integrantes para pertenecer a estos grupos es la necesidad de sentirse protegidos.
“En uno de los audios que nosotros hemos escuchado decía que ‘en el fondo todos somos el reflejo del mundo en que crecimos, solo encontramos en el comando una manera de sentirnos fuertes y respaldados’, esa frase es lo que a mí se me quedó muy pegado porque demuestra que ellos buscan una identidad criminal y buscan una fortaleza, y una protección dentro de este grupo de personas, por eso es que crecen dentro de los sistemas, pero al salir de allí no tienen muchas veces esa pertenencia porque ya no necesitan de esa protección”, precisó.
Destacó que el libro actualmente lo utilizan en el Instituto de Enseñanza Policial de Argentina .