A 12 años del crimen de Pablo Medina: excomandante revela detalles de la investigación clave

Pablo Medina, en una fotografía que retrata su tesonera labor periodística.Archivo, ABC Color

El excomandante de la Policía Nacional Gilberto Fleitas rememoró los vertiginosos días de trabajo técnico, el uso decisivo de cruces telefónicos y la firmeza necesaria para desarticular la red del clan Acosta en Canindeyú. Además, comparó la complejidad de este emblemático caso con la investigación del magnicidio del fiscal Marcelo Pecci.

A 12 años del trágico atentado que les costó la vida al periodista de ABC Color Pablo Medina y a su asistente, Antonia Almada, el excomandante de la Policía Nacional y entonces jefe de Investigación de Delitos, Gilberto Fleitas, recordó los hitos y desafíos técnicos que permitieron llevar a la cárcel a los responsables materiales e intelectuales del crimen cometido el 16 de octubre de 2014 en Villa Ygatimí, Canindeyú.

El comisario retirado repasó los primeros momentos tras confirmarse la noticia. Fleitas relató que solicitó de inmediato al fiscal general la asignación de un equipo de fiscalías de la capital para liderar el abordaje técnico, anticipando la complejidad operativa y la necesidad de trabajar de forma exhaustiva con las compañías telefónicas.

Al llegar a la zona del crimen, las autoridades se encontraron con cuatro personas aprehendidas preventivamente. Sin embargo, en cuestión de dos horas de indagaciones, la hipótesis sobre los primeros arrestados quedó descartada.

Fue entonces cuando los investigadores cruzaron la base de datos de los sicarios que operaban en Canindeyú y recurrieron a la única sobreviviente, la joven que viajaba en la parte trasera del vehículo de Medina.

“Nos enviaron fotografías de unos 15 sospechosos. La joven, que milagrosamente quedó con vida porque los atacantes no la vieron en el asiento posterior, identificó la imagen de Wilson Acosta”, reveló Fleitas.

A partir de esa identificación directa, se inició un despliegue ininterrumpido de 24 horas diarias para reconstruir la ruta del ataque.

Cruces de llamadas y el seguimiento

Mediante más de 60 oficios gestionados de urgencia ante las operadoras de telefonía móvil, la Policía reconstruyó los movimientos del vehículo de la víctima desde su salida de Curuguaty hacia la zona de Ko’ê Pahu (Marqueti), a donde Medina acudió para dar cobertura a una plaga de marandová que afectaba a los cultivos de mandioca.

Aunque la investigación descartó un vínculo técnico entre los agricultores que convocaron al periodista y los ejecutores del hecho, los registros de antena y celdas confirmaron un seguimiento en motocicleta realizado por Flavio Acosta (sobrino del exintendente Vilmar “Neneco” Acosta), combinado con controles policiales situados en la ruta que corroboraron el trayecto previo al emboscada.

Fleitas compartió además el estremecedor testimonio sobre los últimos segundos con vida del periodista. Al ser interceptado en un camino vecinal, Medina detuvo la marcha al reconocer a Wilson Acosta, quien se acercó sin exhibir armas a la vista.

“Pablo lo conocía. No imaginó el desenlace. Al bajar la ventanilla le dijo en guaraní: ‘Anína, che amigo’, momento en que salió del yuyal el segundo atacante armado. No hubo margen de defensa”, rememoró el jefe policial.

Consultado sobre las presiones políticas que solían blindar a líderes territoriales ligados al narcotráfico en la frontera, Fleitas enfatizó la importancia del carácter y la independencia funcional de los investigadores policiales y fiscales para enfrentar a autoridades municipales o departamentales.

Asimismo, subrayó un principio fundamental de la doctrina criminalística respecto a la autoría intelectual del exintendente de Ypejhú, Vilmar “Neneco” Acosta Marques.

“Una muerte por encargo o sicariato no se resuelve empezando por la autoría intelectual. La doctrina y la experiencia enseñan que primero hay que identificar y evidenciar con pruebas irrefutables a los autores materiales. Solo así se sostiene el nexo hacia quien dio la orden”, explicó Fleitas.

En ese sentido, comparó el éxito investigativo logrado en el caso de Pablo Medina con el proceso que rodea al magnicidio del fiscal Marcelo Pecci en Colombia, donde si bien se condenó a los ejecutores en suelo colombiano, la identificación e imputación del mandante intelectual continúa siendo el gran desafío pendiente para la justicia.

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