Durante años, la compra de un smartphone, una tablet o una notebook venía acompañada de un ritual casi sagrado: dejar el equipo cargando 8, 10 o incluso 12 horas antes de usarlo “como es debido”.
La creencia prometía más autonomía y una vida útil más larga para la batería.
En la era de las baterías de ion-litio y la carga rápida, esa recomendación no solo ha quedado obsoleta: puede distraer de lo que realmente importa para la salud del dispositivo.
El mito de las 12 horas: de dónde viene
El origen de la práctica se remonta a las baterías de níquel-cadmio y de níquel-metal hidruro, usadas en celulares y aparatos electrónicos de generaciones anteriores. Aquellas tecnologías sufrían el llamado “efecto memoria”: si se recargaban sin descargarse casi por completo, su capacidad útil se reducía con el tiempo.
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Un primer ciclo de carga largo ayudaba a “formar” la batería y a calibrar los indicadores. Pero ese escenario ya no describe a los dispositivos actuales.
Las baterías de ion-litio y de polímero de litio, presentes en la inmensa mayoría de smartphones, notebooks y relojes inteligentes modernos, no tienen efecto memoria en el sentido clásico. La autonomía ya no depende de una carga inicial maratoniana.
Qué dicen hoy los fabricantes
En las páginas de soporte de grandes marcas como Apple, Samsung o Xiaomi no aparece ya la recomendación de cargar el teléfono 8 o 12 horas la primera vez. El consejo se limita, en general, a enchufarlo y usarlo con normalidad, dejando que el sistema gestione la batería.
Los dispositivos llegan de fábrica con una carga parcial —normalmente entre el 40 % y el 60 %— porque ese rango es el más estable para el almacenamiento y transporte. No hay necesidad técnica de “completar” nada antes del primer uso.
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Cómo se protege realmente la batería
La clave está en la electrónica de gestión, el llamado BMS (Battery Management System). Este conjunto de circuitos controla tensión, temperatura y corriente, e impide tanto la sobrecarga como la descarga profunda.
Cuando la pantalla muestra 100 %, la batería no está “llena” al límite físico: el sistema ha dejado un margen de seguridad para prolongar su vida útil. Del mismo modo, cuando el teléfono se apaga al 0 %, aún conserva algo de energía interna para evitar daños.
En otras palabras, por mucho que se deje un dispositivo cargando toda la noche —incluido el primer día—, no seguirá “rellenándose” indefinidamente. La electrónica corta la carga y entra en un modo de mantenimiento o reposo.
El verdadero enemigo: calor y extremos de carga
Si el primer ciclo de carga no es determinante, ¿qué sí afecta a la longevidad de la batería?
La combinación más dañina para las celdas de litio es alta temperatura y alta carga. Usar o dejar el dispositivo al sol mientras está enchufado, jugar a videojuegos exigentes durante la carga rápida o mantenerlo siempre al 100 % puede acelerar la degradación.
Los estudios independientes y las recomendaciones técnicas coinciden en una idea: las baterías sufren menos cuando pasan la mayor parte del tiempo entre aproximadamente el 20 % y el 80 % de carga y no se recalientan.
Como guía práctica, muchos expertos sugieren:
- evitar que la batería llegue con frecuencia al 0 % absoluto;
- no obsesionarse con el 100 % constante, especialmente en portátiles que suelen estar conectados.
Algunos fabricantes ya incluyen modos de “carga optimizada” que detienen la carga en torno al 80 % o retrasan el último tramo hasta poco antes de la hora en que el usuario suele desconectar el equipo.
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¿Y la “calibración” de la batería?
Otro mito persistente sostiene que, si no se hace un primer ciclo completo de 0 % a 100 %, el medidor de batería será impreciso. En los dispositivos modernos, la estimación se basa en algoritmos que aprenden del uso cotidiano y se ajustan con el tiempo.
Forzar descargas completas de forma rutinaria para “calibrar” solo añade estrés a la batería.
Si en algún momento el indicador se vuelve claramente inexacto, una descarga casi completa seguida de una carga continua hasta el 100 % puede ayudar al sistema a recalcular, pero no es una práctica que deba repetirse cada poco tiempo ni reservarse para el primer día.
Qué hacer, entonces, con un dispositivo nuevo
La evidencia técnica lleva a un consejo sencillo: desempaquetar, enchufar si es necesario y usar el dispositivo con normalidad. No es problemático empezar a configurarlo mientras carga, siempre que no se caliente en exceso.
Para alargar su vida útil, importan mucho más los hábitos a medio y largo plazo que el ritual inicial: evitar el calor extremo, no dejarlo eternamente al sol dentro del coche, no abusar de las descargas al 0 % y, si es posible, activar las funciones de carga optimizada.
En resumen, el primer ciclo de carga en los dispositivos modernos es, sobre todo, un mito heredado. La longevidad de la batería ya no se decide en las primeras horas, sino en cómo se convive con ella día tras día.