Durante su intervención en el panel 'Pilares de la Seguridad Regional', celebrado en el marco de la XXII Cumbre de Seguridad Regional, conocida como Diálogo de Manama, Abdelaty subrayó que la seguridad de los países del Golfo constituye una parte integral de la seguridad nacional egipcia.
El encuentro, que se desarrolla en la capital de Baréin del 30 de octubre al 1 de noviembre, reúne a representantes y responsables políticos para abordar los principales desafíos de seguridad en la región.
En su discurso, el jefe de la diplomacia egipcia alertó sobre las consecuencias de la escalada militar y el aumento de las tensiones para la estabilidad regional e internacional, así como sobre sus efectos en la economía mundial y en las cadenas de suministro, especialmente en los mercados de alimentos y energía.
Ante este escenario, Abdelaty consideró necesario abandonar un enfoque centrado exclusivamente en la gestión de crisis y avanzar hacia mecanismos de prevención, mediante un sistema de alerta temprana y respuesta rápida que permita anticipar los conflictos y evitar su estallido.
El ministro expuso también la visión de Egipto sobre los principios que deben sustentar una arquitectura de seguridad regional más sólida, entre ellos el respeto al Estado de derecho, la renuncia al uso de la fuerza y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados.
Asimismo, defendió el fortalecimiento de la responsabilidad compartida y la apropiación regional de las soluciones de seguridad, junto con el recurso a la diplomacia respaldada por mecanismos de disuasión para resolver los conflictos.
Abdelaty destacó igualmente la necesidad de proteger la seguridad de la navegación marítima, el suministro energético y las infraestructuras vitales, elementos que consideró esenciales para preservar la estabilidad de la región y de la economía internacional.
En relación con el conflicto palestino, insistió en que una solución justa y duradera debe contemplar el establecimiento de un Estado palestino independiente y soberano dentro de las fronteras del 4 de junio de 1967, con Jerusalén Este como capital.
En este sentido, rechazó el desplazamiento forzoso de la población palestina, la anexión de territorios y la expansión de los asentamientos israelíes.
El titular de Exteriores egipcio sostuvo que la aplicación de estos principios contribuiría a reforzar la seguridad y la estabilidad regionales y favorecería las oportunidades de desarrollo de los países de la zona, al considerar que "seguridad y desarrollo son dos caras de la misma moneda".
Por último, hizo un llamamiento a coordinar los esfuerzos de los países de la región para establecer mecanismos concretos que permitan aplicar estos principios y garantizar que respondan a los intereses comunes de sus Estados y pueblos.