Orgasmo femenino

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Este sábado 8 de agosto se celebra el Día Mundial del Orgasmo, pero del orgasmo femenino, no del orgasmo masculino ¿Por qué será que se celebra el orgasmo del género femenino sobre el del masculino? ¿Será que la sexualidad femenina fue invalidada e invisibilizada durante tantos años que necesita ser reivindicada? ¿Será que el orgasmo masculino está sobrevalorado a través de la eyaculación? ¿O acaso la mujer está asociada a la sexualidad reproductiva y no a su derecho al placer?

Tal vez los hombres hayan tenido el permiso social y cultural de gozar y sentir placer, por lo que sus orgasmos están naturalmente reconocidos y validados, mientras que los de la mujer necesitan la implementación de una fecha específica para ser reconocidos. Este 8 de agosto nos habilita a educar y proporcionar información a la sociedad hacia un poco más de libertad y autonomía a través del conocimiento sexual.

Somos producto de una cultura en la que el sexo ha sido eminentemente reproductivo y se lo ha aceptado, permitido, practicado y estudiado desde esa función. Desde tal enfoque hay una percepción social hacia la mujer como herramienta reproductiva, como componente cosificado que acepta su imagen sexual a partir y a través de la gestación dejando a un lado el derecho a sentir placer, lo cual crea un escenario inequitativo de goce entre los partenaires.

En la actualidad, ¿qué se sabe sobre el orgasmo? Generalmente, las notas incluyen cómo alcanzar los distintos tipos de orgasmos, pero no se habla del autoconocimiento, no se derriban los mitos sobre la responsabilidad de cada mujer acerca de su propio orgasmo; no se le enseña a conocer su cuerpo, su sensibilidad, sus zonas erógenas, su libertad y responsabilidad ética con su deseo. Se le enseña más bien a complacer, a dar placer. Son muchas las mujeres que reportan nunca haber experimentado un orgasmo; otras, que fingen haber sentido uno, y otras, que tienen mucha dificultad para lograrlo, y otras más, que todavía no lo han descubierto, y un sinfín de sexualidades en silencio.

Por otro lado, el hombre asume una gran responsabilidad ante la ausencia o presencia del orgasmo femenino, ya que aprendió que el clímax femenino es reflejo de su buen/mal desempeño o mucha/poca virilidad. Este mito deberá ser derribado para dar más libertad a la pareja y menos presión al hombre así como para enseñar que el orgasmo de la mujer no le pertenece; más bien, lo comparte.

Por lo general, la ecuación erótica responde a una dinámica sexual guiada por el hombre, como agente activo de la relación. Esta dinámica posiciona a la mujer en un rol pasivo, no solamente en la direccionalidad de los gestos, movimientos, posiciones, ritmos y tiempos, sino también en la culminación del acto sexual; es decir, una vez que el hombre “acaba”, también acaba la interacción erótica, independientemente del placer de la mujer. Esto suele suceder porque el orgasmo masculino viene acompañado, en la mayoría de las veces, del proceso fisiológico de la eyaculación, por lo que es visualizado y visibilizado, mientras que el orgasmo femenino es silencioso; o sea no se visualiza ni se concreta, salvo en, las mujeres que logran la eyaculación femenina, que son un 20% de la población.

La mujer, su vulva, su orgasmo, su placer, su derecho, están todos escondidos, sepultados, reprimidos, y es nuestra responsabilidad exaltarlos, potenciarlos, visibilizarlos para posibilitar desterrar el goce no resuelto de miles de mujeres que sufren de anorgasmia por el simple hecho de no conocerse y no tener permiso para ello. Sin embargo, el hombre, su pene, su orgasmo, su placer, están expuestos, a la vista, con permiso a para ser explorado, por lo tanto tener acceso al autoconocimiento.

El capitalismo nos ha colocado en un sistema de vida en el que se valora lo que se produce. Medimos el éxito en función del resultado obtenido, nunca lo hacemos considerando, el camino transitado. De esta manera, el sexo es evaluado en variables numéricas: frecuencia de actividad sexual, número de orgasmos. Se lo cuantifica y se deja la calidad como aspecto central del encuentro erótico. Todo se centra en función del producto final; el orgasmo obtenido a cualquier costo, incluso con ausencia total de placer. Al término de un encuentro sexual se suele preguntar: ¿llegaste? o ¿alcanzaste el clímax?, cuando debería ser: ¿sentiste placer? o ¿te gustó?

Vivimos una sexualidad ansiosa, generada por una educación silenciosa basada en el producto, lo que genera en la gran mayoría de hombres y mujeres un alto nivel de ansiedad por rendimiento y angustia de desempeño; lo que esto, a su vez; impacta negativamente en el proceso natural del placer que obstruye alcanzar el orgasmo ya que la inversión erótica se racionaliza con los pensamientos ansiógenos.

La sociedad y la cultura moldearon el comportamiento sexual masculino y desdibujaron la conducta erótica femenina, la cual omisa y sumisa, generó sexualidades diferenciadas y estereotipadas que optimizaron el deseo y el placer masculinos no solo como significado sexual, sino como símbolo de poder social.

* Magíster, psicóloga clínica, psicopedagoga clínica y orientadora en sexualidad.

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