Ese “voto útil” es, según parece, el que uno realiza a un candidato que no lo convence del todo o le genera desconfianza. Pero, presuntamente, si uno vota a quien realmente quiere, porque considera que tiene las mejores ideas, es honesto, y tiene principios, va a desperdiciar su voto.
La idea de fondo del “voto útil” es que se debe evitar a toda costa que triunfe un candidato nefasto para el país, votándole a otro que, presuntamente, no lo es tanto.
Sin embargo, ese voto es una traición a la esencia misma del sistema democrático, en el que todos los sectores deben tener lugar. Deben ser escuchadas todas las voces, todas las visiones del país y del mundo que se presenten para competir con sus propuestas y sus ideas ante la ciudadanía.
Es posible que quienes finalmente ganen la elección sean negativos para el país o que, inclusive, su victoria sea el resultado de maniobras deshonestas, falsas o fraudulentas. Igual, ese tipo de gente no termina bien y al final caen por su propio peso, tarde o temprano. No se puede engañar mucho tiempo a toda la ciudadanía.
Algunos podrán creer que nuestro voto será “inútil” si no sirve para que gane el “menos peor”.
Sin embargo, dar nuestro voto para que haya la impresión de que estamos en un país en el que hay solamente dos sectores antagónicos que se disputan el poder y que nosotros estamos colocados en uno de los lados, aunque no nos gusta, sería una falsedad, una cobardía, una falta de compromiso con nuestras ideas y con lo que realmente deseamos para nuestro país.