“Si bien INNA es un proyecto absolutamente compatible con otras actividades que se desarrollan en la zona, AES Andes ha tomado la decisión de priorizar sus esfuerzos en el desarrollo y construcción de la cartera de proyectos renovables y almacenamiento de energía, siguiendo el lineamiento de su matriz en Estados Unidos”, indicó la compañía en un comunicado.
El megaproyecto, que contemplaba una inversión de 10.000 millones de dólares, consistía en una planta de producción de hidrógeno y amoniaco verde de más de 3.000 hectáreas en la norteña Región de Antofagasta, en pleno Desierto de Atacama.
La planta se iba a situar entre 5 y 11 kilómetros del Observatorio Paranal, uno de los mejores lugares del mundo para la observación astronómica y la principal instalación de la astronomía terrestre europea.
El complejo astronómico, propiedad del Observatorio Europeo Austral (ESO) alberga varios telescopios de clase mundial, como el Very Large Telescope, el instrumento de astronomía terrestre más avanzado del mundo hasta ahora.
La organización intergubernamental, que escogió el Desierto de Atacama para instalar sus telescospios al considerar que sus cielos son los más oscuros y prístinos del planeta, denunció el año pasado que el impacto del megaproyecto INNA iba a ser "devastador, irreversible y no mitigable".
Según ESO, el proyecto aumentaría considerablemente la contaminación lumínica, las vibraciones del suelo, la turbulencia atmosférica y la emisión de polvo.
Astrónomos, científicos y académicos de todo el mundo también denunciaron en sendas cartas los riesgos del megaproyecto.
La cancelación de la planta, agregó AES Andes en un comunicado, "no cuestiona el valor ni el potencial del desarrollo de la industria del hidrógeno verde para Chile".
Con 4.200 kilómetros de costa, Chile ha sido uno de los pioneros en el impulso del hidrógeno verde, considerado el "el combustible del futuro" porque es una potente fuente de energía que podría llegar a sustituir a los fósiles.