Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México descubrieron un momoztli o altar, que contribuirá a comprender mejor la traza urbana de Tula, la antigua capital de los toltecas.
El hallazgo ocurrió en semanas recientes durante los trabajos de salvamento arqueológico en el trazo del tren de pasajeros Ciudad de México-Querétaro, centro del país.
El INAH indicó este martes en un comunicado que el vestigio, probablemente, corresponde a la fase Tollan de la antigua metrópoli (900-1150 de nuestra era) y se halló cerca del área conocida como Tula Chico, dentro de la zona de monumentos arqueológicos de Tula, a 300 metros de la barda perimetral del sitio patrimonial.
Esto en las labores de registro y excavación los desarrolla la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.
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¿En qué consiste el altar?
El coordinador del proyecto del salvamento arqueológico, Víctor Francisco Heredia, explicó que el altar mide, aproximadamente, un metro por lado, su sistema constructivo tiene un arranque de piedra careada y debió tener, por lo menos, tres cuerpos bajos, sin escalinatas.
El primero, precisó, es una base de cantera, aparentemente andesita, con bloques que no pasan de los 10 centímetros en la cara externa; el segundo cuerpo también posee una serie de lajas modulares del mismo material, y la parte superior está rematada con algunos cantos rodados y roca de basalto.
“En un pozo de sondeo, de un metro cuadrado, detectamos a primera vista un pequeño apisonado, y al extender la excavación encontramos una de las esquinas del altar y los otros vértices”, detalló el arqueólogo jefe de campo, Emmanuel Hernández Zapata.
Qué otros elementos se encontraron
Señalaron que en tres de los lados del nivel inferior del altar “se hallaron ofrendas de restos óseos humanos, que consisten en cuatro cráneos y huesos largos, probablemente fémures, por lo que se tiene la hipótesis que en el cuarto borde también haya una evidencia similar”.
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Además, como parte del contexto se encontraron vasijas de cerámica (un cajete de color negro con otro al interior), fragmentos de obsidiana y navajillas.
Mientras que en el arranque del altar, indicó el INAH, había dos cráneos, uno orientado hacia la parte superior y otro hacia el suroeste, y conforme descendieron los niveles, se detectó un apisonado con un estucado, posiblemente de cal con arena, y debajo de este se encontraron las otras dos osamentas incompletas.
Heredia señaló que “hay poca probabilidad” de que se encuentren esqueletos completos, porque, quizá, solo se hayan ofrendado esas partes de los individuos.
Una vez registrados, se enviarán al laboratorio de antropología física del proyecto, en el Estado de México, para determinar edad, sexo, patologías óseas e, incluso, si fueron decapitados, ya que uno de los cráneos aún parece unido con la columna vertebral.
En el descubrimiento también se hallaron dispersos materiales cerámicos, líticos y malacológicos, que se estudiarán para identificar las especies; así como malacates, punzones de hueso y navajillas, entre otros elementos que se usaban en la vida cotidiana.