Aunque la peste se asocia comúnmente con ratas y con ciudades medievales europeas masificadas, esta enfermedad ya diezmaba a grupos de cazadores-recolectores hace 5.500 años, mucho antes de las grandes epidemias históricas y de las densas concentraciones urbanas que más tarde facilitarían su propagación.
Un estudio publicado este miércoles en Nature y realizado por un equipo internacional de científicos liderados por Eske Willerslev, de las universidades de Copenhague y Cambridge, da cuenta de los brotes de peste documentados en las comunidades de cazadores-recolectores del lago Baikal (Rusia) hace 5.500 años.
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Los investigadores analizaron el ADN antiguo de los restos humanos enterrados en cuatro cementerios de esta región situada en Siberia Oriental y reconstruyeron los genomas antiguos de las bacterias preservadas en los dientes de marmota depositados como ofrendas funerarias, que permitió al equipo descubrir la cepa más antigua de peste, desconocida hasta ahora y “sumamente letal”, asegura Willerslev.
“A partir del ADN de la peste, las relaciones genéticas entre las víctimas, el análisis arqueológico y la datación por radiocarbono, hemos reconstruido una imagen realmente clara y completa de lo que ocurrió durante estos brotes”, asegura el autor principal Ruairidh Macleod, investigador en la Universidad de Oxford.
Afectó especialmente a los niños y adolescentes
Estas pruebas han permitido a los científicos relacionar por primera vez la elevada mortalidad en estos cementerios con una plaga de peste que “afectó especialmente a los niños y adolescentes del grupo”, ha resumido en una rueda de prensa el investigador de la Universidad de Copenhague y coautor del estudio, Frederik Valeur Seersholm.
El estudio transforma radicalmente lo que se sabía de la peste.
Los científicos pensaban que las epidemias de peste surgieron con el desarrollo de la agricultura, un nuevo modo de vida que concentró a las personas en grandes grupos de población en los que compartían espacio con animales domesticados, pero esta investigación demuestra que la peste afectó mucho antes a grupos de cazadores-recolectores pequeños y nómadas.
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Otro de los misterios resueltos se refiere a los perfiles de mortalidad en los dos cementerios más grandes de la investigación, que contienen un número excepcionalmente elevado de niños de entre 8 y 11 años que habían sido enterrados en un corto periodo de tiempo.
“Este hallazgo cambia nuestra comprensión de los primeros brotes de peste: incluso antes de que la bacteria desarrollara una transmisión eficiente a través de las pulgas, estas cepas antiguas parecen haber portado una combinación potente de factores de virulencia que podían hacer que la infección fuera altamente letal”, afirma el autor principal Martin Sikora, de la Universidad de Copenhague.
Por último, el estudio respalda la idea de que la peste pudo haberse originado en Asia Central o del Noreste antes de extenderse más tarde por Eurasia a través de reservorios de roedores silvestres, “un patrón zoonótico -la transmisión de animales a personas- que sigue sucediendo en la actualidad”, ha puntualizado Astrid Iversen, de la Universidad de Oxford en la rueda de prensa.
Las pruebas arqueológicas sugieren que estos cazadores-recolectores cazaban marmotas —grandes roedores excavadores que aún hoy portan la peste— que pudieron transmitir la enfermedad a los humanos al desollarlas o consumirlas crudas o insuficientemente cocinadas (septicemia).
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Una vez contagiados, los humanos desarrollaban neumonía y contagiaban la enfermedad rápidamente al resto de la comunidad de persona a persona a través de aerosoles emitidos al toser, desencadenando los brotes letales simultáneos dentro de las mismas familias.