29 de junio de 2026

Un estudio revela que la peste ya afectaba a cazadores-recolectores en Siberia hace 5.500 años, desafiando creencias previas. Investigadores reconstruyeron antiguos brotes mediante ADN antiguo, mostrando una mortalidad elevada, especialmente en niños.

Durante los meses de mayo y junio de 1912, Jack London publicó en varias entregas una de las primeras ficciones distópicas postapocalípticas aparecidas en la literatura del siglo XX. Ambientada en un mundo salvaje y devastado, la historia comienza en 2073, sesenta años después de la propagación de una pandemia incontrolable que exterminó a la mayor parte de la población humana y produjo el derrumbe de la civilización.

La peste justiniana, que se considera la primera pandemia de esta enfermedad y que afectó el mundo mediterráneo entre 541 y 750, pudo no ser tan devastadora como se creía hasta ahora, según un estudio que publica este lunes la revista PNAS.

La personificación de la muerte se remonta cuando menos a la alegoría tardomedieval de la Danza Macabra: la imagen del zombi en el cine, el cómic y la televisión podría ser, en una inversión anacrónica, evocada por estos frescos, óleos, bajorrelieves, grabados.


Sin Serbia, sin la zona en la que se asentaron en la Antigüedad las provincias imperiales de la Moesia Superior y la Panonia Inferior, y en la que nacieron dieciocho emperadores, no sería posible relatar la historia del ascenso, el esplendor y la caída del Imperio Romano.