“Los que se fueron”, docentes que dejaron sus huellas

“Los que se fueron”, libro de Mario Ramos-Reyes, fue lanzado el pasado jueves en el Aula Magna de la Universidad Católica “Nuestra Señora de la de Asunción”, con un acto donde participaron familiares, amigos y alumnos de los homenajeados en el material, que trata de cuatro profesores de la Uiversidad que ya han fallecido: Secundino Núñez, Adriano Irala Burgos, Luis Manuel Andrada Nogués y Luis Alberto Meyer.

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Al respecto, personas que compartieron con ellos se encargaron de resaltarlos. Benjamín Torres recordó a Luis Manuel Andrada como un hombre que tenía un gran don de gente. “Era un hombre que se apropiaba de sus ideas y las defendía con fuerza y vehemencia. Era fraterno, cumplido y noble, siempre pensaba en positivo sobre las cosas y las personas”, dijo, agregando que era “inquieto y preocupado por las circunstancias de nuestra patria. Era un soñador”.

Seguidamente, Carlos Talavera habló sobre Luis Alberto Meyer, de quien destacó que era un enamorado del arte, la cultura, el periodismo y la docencia, “donde dejó rastros imborrables en la Universidad Católica”. Resaltó también de Meyer su patriotismo. “En la política fue ministro de la Secretaría Técnica de Planificación y ejerció una influencia en ese gobierno que casi ningún otro había tenido en ese puesto. Tenía una visión geopolítica del desarrollo del Paraguay que tal vez recién ahora vemos que se está plasmando”.

Por su parte, Nora Gauto dedicó sus palabras a Secundino Núñez. “Estoy muy agradecida, como muchos de sus alumnos, por el don que fue la vida del profesor Secundino. Me enseñó que había una forma tan profunda de vivir la vida y de entender la realidad. Siempre nos impulsó a pensar, porque él sabía que el pensamiento era la llave, la herramienta para no vivir la vida en la superficialidad”, apuntó, al tiempo de decir que él amaba nuestro país con una pasión contagiante.

En tanto, Fernando Tellechea destacó la docencia de Adriano Irala Burgos, quien frecuentemente hablaba de temas atinentes a la relación entre la ciencia y la fe. Resaltó además su proyección internacional, que era fundamental. “Era también amigo, cultivaba ese valor y se brindaba a todos. Con el correr de los años pasó a ser no solo el profesor, sino un amigo. Como docente, era un maestro por excelencia y un despertador de vocaciones filosóficas ”, dijo.

Finalmente, el autor se refirió a la obra como una semblanza de testigos de nuestro tiempo con carácter, personalidad y empatía. “El motivo del libro y el mensaje es por el testimonio de estas cuatro personas, la memoria de nuestros amigos vive en el presente. Quise rastrear esas raíces que me hicieron ser lo que soy hoy, escarbando eso me surgió la idea de estos cuatro amigos que fueron los signos propios de mi formación”, finalizó Ramos-Reyes.

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