Ovelar sigue buscando “trato apu’a”

El presidente del Senado, Silvio Ovelar (ANR), calificó de “emperador” al ministro de Educación, Eduardo Petta, porque andaría ignorando a los colorados “Añetete” que “en momentos difíciles” apoyaron a los dirigentes de dicho sector. En verdad, el ninguneo consistiría en no haberlos ubicado con algún “zoquete” en el MEC, donde ahora mismo, centenares de personas nombradas, pero sin cargos, deben esperar apretujadas en los pasillos, aguardado algún comisionamiento en alguna otra institución, donde tampoco hacen falta. Por lo visto, el senador Ovelar cree que así debe retribuirse la lealtad demostrada en las elecciones. Porque “ser más respetuoso de las luchas de los compañeros” significa precisamente eso: instalarlos en el presupuesto nacional, a como dé lugar, aunque no haya cargos vacantes ni los fieles hayan ganado un concurso público de oposición. La cuestión es recompensarles con el dinero de todos los contribuyentes, más allá de lo que digan la Constitución y las leyes. El senador Ovelar protagonizó otros episodios, que permiten preguntar cómo es posible que dirija nada menos que un Poder del Estado, el Legislativo.

El presidente del Senado, Silvio Ovelar (ANR), calificó de “emperador” al ministro de Educación y Ciencias (MEC), Eduardo Petta. ¿La razón? Al igual que algunos otros ministros y jefes de entidades públicas, el así motejado andaría ignorando a los colorados “Añetete” que “en momentos difíciles” apoyaron a los dirigentes de dicho sector, según el quejoso legislador.

En verdad, el ninguneo consistiría en no haberlos ubicado con algún “zoquete” en el MEC, donde ahora mismo, centenares de personas nombradas, pero sin cargos, deben esperar apretujadas en los pasillos, aguardando algún comisionamiento en alguna otra institución, donde tampoco hacen falta. Por lo visto, el senador Ovelar cree que así debe retribuirse la lealtad demostrada en las elecciones. Porque ser “más respetuosos de las luchas de los compañeros” significa precisamente eso: instalarlos en el presupuesto nacional, a como dé lugar, aunque no haya cargos vacantes ni los fieles hayan ganado un concurso público de oposición. La cuestión es recompensarles con el dinero de todos los contribuyentes, más allá de lo que digan la Constitución y las leyes.

El senador reflejó su acentuado sectarismo tras visitar el Palacio de López, lo que hace presumir que habló con el jefe de Estado de la supuesta imperial ingratitud del ministro Petta. Fue a “yaguarear”, como se dice. El aludido tendría que estar bastante preocupado, salvo que Mario Abdo Benítez se distancie públicamente de los dichos de su interlocutor.

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El impresentable titular del Senado dijo también que “vos al paraguayo tenés que darle un cargo para conocerlo”. Queda a disposición de nuestros lectores analizar el concepto que tiene la mayoría de nuestros políticos sobre lo público y lo privado o partidario. Sin duda alguna, la mentalidad de Silvio Ovelar ancló en la época de la dictadura de Alfredo Stroessner, tras cuya caída un presidente de seccional se quejó porque “ahora ya no podemos nombrar ni una directora”.

Este indigno legislador ya es bien conocido. Una de sus “hazañas” ocurrió poco antes de los comicios generales de 2013, cuando fue sorprendido negociando la compra de cédulas de identidad, es decir, en flagrante delito electoral. No fue castigado en su oportunidad por la Justicia, sino solo por la Cámara de Diputados, que integraba en ese momento, con una suspensión de 60 días, sin goce de sueldo. Desde entonces lleva el mote de “trato apu’a” (negocio redondo), que es lo que quiso concretar. Este es el personaje que dirige nada menos que un Poder del Estado, el Legislativo.

Pero sus trapisondas no terminan con este episodio. Electo senador para el periodo 2013-2018, el 11 de setiembre de 2013 agredió verbalmente a la ministra de Educación Marta Lafuente, por haberse negado a nombrar como supervisor del MEC en Caaguazú a una persona propuesta por él y por el gobernador departamental Mario Varela (ANR), hoy diputado con permiso, según publicaciones de la época. En palabras de la agredida: “Ella no reunía las condiciones requeridas, como título, profesionalidad, conocimientos de normas y otros requisitos para el proceso de selección. Entonces, el senador tuvo una actitud violenta”. Probablemente, Ovelar pensaba como aquel seccionalero a quien los chistosos atribuyen haber candidatado para director a un operador político, con este argumento: “Ha’e ningo ndoleéi ni ndoescribíri, pero ipaciencia la mitãnguérare” (Él no lee ni escribe, pero tiene mucha paciencia con los niños).

Pero hay más. A propósito de disponer de cargos, Ovelar anunció que en abril próximo renunciaría a la presidencia del cuerpo colegiado para que sea ejercida hasta el 30 de junio por el senador Juan Carlos Galaverna (ANR). El “regalo” al correligionario será por sus treinta años como legislador y por un “compromiso personal”, mucho más importante, según parece, que el que asumió al postularse para ejercer el cargo durante un año, ya que si renunciara por tan absurdo motivo, debería ser reemplazado por el vicepresidente primero. Pero, para él, las leyes y los principios no cuentan: los correligionarios están en primer lugar.

Personajes como este causan un tremendo daño a la imagen del país y a las nuevas generaciones al impedir que ellas reciban una buena formación, pues lo que les importa es la papeleta partidaria al asumir un cargo.

Que el senador de marras presida el Congreso dice mucho acerca del nivel moral e intelectual de la mayoría de los legisladores. Es de suponer que solo dijo en voz alta lo que piensan muchos de sus colegas “Añetete”. Si no tuvo reparos en denunciar ante la prensa que el ministro Petta falta el respeto a los colorados de ese sector es porque estima muy natural que reciban cargos sin más consideraciones. El Gobierno “Añetete” debe valerse de ellos para premiar a los “compañeros” y no necesariamente para que la población sea bien atendida.

Con toda seguridad, el senador Ovelar integrará una lista de candidatos en las próximas elecciones, ya que en la mentalidad vigente en nuestra repulsiva política, esta clase de dirigentes presta grandes servicios al partido. La República importa poco o nada. Los electores deben reclamar desde ya la defunción de las funestas “listas sábana” para procurar radiarlos de la escena, y la ciudadanía organizada debe tenerlos presentes para repudiarlos allí donde los encuentre.

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