Uber frente al ludismo amarillo

En 1990 se realizó en Asunción el Primer Encuentro Latinoamericano de Periodistas. El tema central de debate y análisis era la incorporación de las computadoras a las redacciones. Un periodista brasileño se encargó de describir al monstruo que estaba por irrumpir y cómo debíamos estar alerta. “Pronto van a poner aire acondicionado en las redacciones y ustedes pensarán que sus jefes les quieren mimar, pero no. No es para ustedes sino para las computadoras, para que no se recalienten”, advertía.

En ese entonces, siglo pasado, me había tocado en suerte ser delegado del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP) y me encomendaron el trabajo de elaborar un informe sobre la incorporación de la tecnología en las redacciones. Busqué materiales (no había Google), publicaciones de revistas y la experiencia de los colegas de países vecinos.

Ni siquiera escribí en el informe. Recuerdo que fue durante una reunión de delegados en que presenté las conclusiones, más o menos en los siguientes términos: “Esto se viene y no lo vamos a detener. Resistirnos a las computadoras sería como volver al siglo XIX, cuando los obreros destruían las máquinas de vapor, creyendo que eran las causas de los problemas laborales. Discutir esto sería una pérdida de tiempo. Lo que podemos hacer es ver la forma de que la incorporación no sea traumática y buscar sacar un mejor provecho a la tecnología”.

Y… pasó lo inexorable: llegaron las computadoras a las redacciones y desde entonces los paradigmas se sucedían cada vez en menor tiempo. La llegada de internet cambió nuestras vidas y hoy el periodismo, a nivel planetario, atraviesa una de sus más profundas crisis, en parte, a raíz de ello.

Internet vino a cambiar nuestra concepción del mundo, nuestra manera de comunicarnos, de distraernos, la manera de consumir y hacer negocios. Las redes sociales pusieron en jaque a los grandes medios, el bitcoin amenaza a los bancos, Airbnb pone en jaque a los hoteles, a las agencias de viajes, y así muchos otros negocios deben encontrar la forma de reinventarse para sobrevivir, mientras los visionarios y audaces van encontrando nuevos nichos y vetas para ganar dinero, ofreciendo mejores servicios y más accesibles a la gente.

Hoy nuestro gran debate vuelve a ser tecnológico. Si se les permite o no operar a Uber y MUV, porque estos nuevos medios de transporte ponen “en riesgo” el negocio de los taxistas y la clientela de los políticos, llámese intendentes y concejales.

Volvemos al ludismo del siglo XIX perdiendo el tiempo en discusiones banales, tratando de frenar lo inexorable. Uber y MUV son nuevas fuentes de trabajo para compatriotas y los usuarios están satisfechos con el servicio.

Lo que deberíamos estar discutiendo es cómo hacer para que la gente tenga mejores servicios y pensar en nuevas utilidades para los otros medios como los taxis. Esto, para que la tecnología nos tenga en una relación win-win y no en disquisiciones cavernícolas que nos hagan perder de vista cómo enfrentar el meteorito de la ignorancia y evitar la extinción de simios y cavernícolas que se resisten al cambio.

nelson@abc.com.py

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